Jean Eugène Auguste Atget. Ingenuidad magistral.

Después de trabajar en diversos oficios como camarero o actor de provincias, se establece en París donde se convierte en fotógrafo ambulante. Para subsistir se dedica a sacar retratos de personas en plena calle; por otro lado, empieza a crear una colección de fotografías para sí mismo de la vida diaria de la ciudad a principios del siglo XX. Monumentos, parques, vendedores, prostitutas o escaparates son algunos de sus temas más recurrentes de una colección que alcanzó más de 4,000 imágenes. Tras su muerte, la fotógrafa americana Berenice Abbott, asistenta de Man Ray, adquirió sus negativos. El museo de monumentos históricos de París consiguió 2,000 trabajos de Adget en 1927.

Sus fotografías tienen gran fuerza de sugestión, reflejan la cotidianidad parisina, de una forma espontánea, libre de las ataduras de otros movimientos más artísticos. Al final de su vida, su figura ya era conocida entre escritores y pintores de la época. Los surrealistas lo encumbraron viendo en sus imágenes, sobre todo en las figuras reflejadas en las cristaleras, una visión natural y pura que sugiere algo fantasmal. A pesar de esa popularidad en alza murió en la miseria.







En Estados Unidos está considerado como un maestro de la fotografía, y Francia lo vuelve a descubrir desde los años 80.


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