110 ANIV. DEL NATALICIO DE MANUEL ÁLVAREZ BRAVO


Uno de los creadores más sobresalientes en el ámbito de la fotografía mexicana, nacía el 4 de febrero de 1902 en el seno de una familia de artistas; siendo muy pequeño se suscitaría la Revolución Mexicana, imágenes que recordaría toda la vida –violencia, dolor y muerte-. Un condiscípulo lo introduciría al secreto del cuarto oscuro, donde él permanecía inmóvil, muy concentrado, casi sin respirar bajo la luz roja de una lámpara y veía como sacaban una lámina de vidrio de la cual brotaba la imagen, ese sería su primer recuerdo de la fotografía.
Sus imágenes inician explorando las relaciones entre formas, planos y volúmenes, posteriormente nacería su necesidad por retratar personas del pueblo en sus actividades cotidianas, pero ello desde un ángulo original y sorprendente, caracterizado con frecuencia por un peculiar sentido del humor.

El pintor Rufino Tamayo sería el primer artista en fijarse en las fotografías de Don Manuel, pintor que creía en un arte más lírico y personal y no por ello menos mexicano, estas ideas las adquiriría el fotógrafo.

La celebración de la vida es tema constante en su quehacer, así mismo la presencia y manifestación de la muerte, irónica, absurda e insólita.

En 1931 Álvarez Bravo ganaría el primer concurso de fotografía, organizado por la compañía cementera Tolteca, reconocimiento muy criticado, argumentando la sencillez compositiva de la imagen, sin darse cuenta que representaba la espontaneidad en la imagen.

En este mismo año aparecería “Parábola Óptica” una de sus fotografías más comentadas, cuyo negativo impreso al revés produce los ojos múltiples que parecen observar al espectador desde el otro lado de un espejo, es una obra cumbre de su carrera, presentándonos una imagen diferente con otro significante impuesto en esa época.

“Los sueños siempre han de creerse”, los sueños son un estado alarmante y peligroso durante el cual el soñador es vulnerable, es un escape a un mundo diferente, hacia lo desconocido.
Álvarez Bravo retrataría a una joven de pie en un balcón con la luz del sol inocentemente acariciando su hombro derecho, retrato nostálgico que el autor trataba de adivinar los pensamientos de esta muchacha y que a su vez nos remite imaginar su deseo.

En 1939 Breton exhibe en París “Recuerdos de México”, donde incluye imágenes de Don Manuel, a quien le solicitaría más tarde una fotografía para la portada de la exposición internacional del surrealismo, que tendría lugar al año siguiente. De esta solicitud nacería una obra formidable “La buena fama durmiendo”, considerada por sus propias palabras como su única obra surrealista;  estructurada con un sarape, cardos, vendas y una modelo desnuda tendida en una azotea. Con ello nacería otra temática en su obra: la celebración de la mujer.
“La modelo era una modelo desnuda de mi clase de fotografía y entonces, la mande a la azotea y le hable por teléfono a Marina y Pancho, que viniera a vendar a una modelo, se asustó porque no le explique, entonces creyeron que pasaba algo, y llegó y vendó a la modelo”.
Con esta imagen Álvarez Bravo disponía colocar la imagen en triplicado en el frente y respaldo del catálogo, pero desafortunadamente no gustó, no a Breton, sino a otras personas, entonces aparecería otra imagen llamada consagración del invierno.

Don Manuel nos lego un gran archivo visual de celebración y magia, de arte y nostalgia, un paseo por recónditos pasajes que él solo percibía y quería ofrecernos. El tiempo marco su camino y su recorrido nos marcó intensamente.


DVD, Creadores Eméritos “Manuel Álvarez Bravo, La mirada que toca”; CONACULTA 1999.
The J. Paul Getty Museum, Colección Manuel Álvarez Bravo. http://www.getty.edu.

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