Acerca del fotoperiodismo

 
Fragmento del ensayo de John Mraz, acerca de la ética y metafísica en el fotoperiodismo.
 
Son los documentalistas quienes gozan de la más libertad de expresión. Aquí, es importante señalar que, aunque todo fotoperiodismo es documental, el concepto “documentalista” refiere a una categoría particular, y dentro de la cual hay una variedad de posibilidades. Una sería los fotógrafos que laboran para instituciones: en México, por ejemplo, en el Instituto Nacional Indigenista (INI), donde trabajaba Nacho López años después de dejar las revistas ilustradas; en los Estados Unidos el mejor ejemplo sería la Farm Security Administration, con sus fotógrafos como Walker Evans, Dorothea Lange, o Arthur Rothstein. Otra posibilidad es la de vincularse con una agencia como Magnum que proporciona la oportunidad de trabajar sobre proyectos individuales. Una tercera posibilidad es la de trabajar " free lance ", viviendo de becas, regalías de libros, o comisiones de un gobierno de Estado o un banco. Finalmente, habría que considerar las imágenes que los fotoperiodistas hacen por su cuenta, sea mientras trabajan o en su tiempo libre. 
 
Las imágenes entregadas por los fotoperiodistas para las últimas Bienales dan la impresión de que a menudo fueron hechas mientras funcionaban como documentalistas. De allí, la predominancia de temas relacionados con la vida cotidiana. Ahora bien, la representación de la vida cotidiana es un género fundamental dentro del fotoperiodismo, además de ser el que ofrece más libertad a los fotógrafos para desarrollar su trabajo. Sin embargo, me temo que el problema proviene precisamente de su facilidad. El gran fotoperiodismo se hace al evitar lo fácil y buscar lo difícil: aguzar la mirada para descubrir y tener la técnica para concretar. 

fotografía ganadora en la sexta bienal de fotoperiodismo.


El fotoperiodismo ofrece la oportunidad de hacer coincidir los dos polos de la fotografía: la información y la expresividad. En la medida en que esta relación se acerca hacia el lado informativo, la imagen se queda en el documento, que es lo que sucede con el fotoperiodismo tradicional. En la medida en que se decanta hacia el lado expresivo, se convierte en símbolo, en un arte descontextualizado. El mejor fotoperiodismo hace coincidir lo expresivo y lo informativo para crear una metáfora, una imagen que contiene información sobre un acontecimiento que, al mismo tiempo, está encarnado con una fuerza estética para transformarlo en una representación de una referencia más amplia.
Sean cuales sean las diferencias entre las diversas formas del fotoperiodismo, hay un trasfondo fundamental: la creencia de que el o la fotógrafa no ha tenido ninguna injerencia en el acto fotográfico. La credibilidad documental se basa en esta creencia y su lenguaje se estructura dentro de “códigos de objetividad” que ocultan el efecto causado por la presencia del fotoperiodista (Schwartz 1992). Aún las escenificaciones se han basado en esta credibilidad y se han aprovechado de igual forma del nuevo y original estatus de la fotografía como un índice auténtico del mundo fenoménico. 






 

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