DOISNEAU Y SU MIRADA OBLICUA


Robert Doisneau captó con su cámara las miradas de los paseantes ante un cuadro expuesto en la vitrina de la Galería Romi, localizada en la rue de Seine, París.

“Un regard oblique” (“Una mirada oblicua”) es una fotografía de muchas que formaba parte de un artículo de la revista LIFE publicada en 1948. En ella vemos un matrimonio de clase media observando una obra en el aparador de una galería de arte.

La mujer parece comentarle a su marido el significante del lienzo, del que tan sólo podemos observar la parte posterior; a su vez el hombre no le pone atención a su esposa y su mirada se dirige al retrato de una mujer desnuda que cuelga en la pared.

La psicoanalista Rosa Aksenchuk hace un análisis bastante certero de la obra: “El personaje masculino no se halla en una posición central, sino que ocupa un lugar marginal en el extremo derecho de la imagen. Sin embargo, es su mirada la que estructura todo el argumento narrativo de la misma. No es que su mujer no mire: ésta mira, de hecho, con intensidad, pero el objeto de su interés permanece oculto a los ojos del espectador. La mirada femenina se define así como vacía, atrapada entre dos polos que trazan el eje masculino de la visión. En efecto, el objeto de la mirada del varón sí que se halla claramente subrayado: la presencia del desnudo femenino, plenamente visible, hace que nos identifiquemos inmediatamente, en tanto que espectadores, con la mirada masculina. La mujer queda al margen de un triángulo imaginario de complicidades que se teje entre el cuadro, el hombre y el espectador. De este modo, el placer que experimenta este último se produce a través de una negación de la mirada de la mujer, que no está ahí sino como blanco de una broma sexual construida a sus expensas. En tono jocoso, la fotografía de Doisneau refleja de una forma sorprendente lo que algunas autoras feministas han llamado «la política sexual de la mirada»”.

Esta fotografía sería un experimento del autor, ya que escondió su cámara Rolleiflex en una vieja silla que se encontraba en el interior de la galería, para así poder captar las diferentes expresiones y posturas que puede producir la mirada en una época en la que el cuerpo desnudo de una mujer era un acto pornográfico.

De esta manera Doisneau crearía todo un ensayo fotográfico en el que captó las diferentes expresiones traducidas por el lenguaje que manifiesta la obra expuesta y que sólo la cámara puede congelar el momento exacto que define la imagen.






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