S. KRACAUER. Enajenación de la imagen, ¿temor a morir?


 En el ensayo de Siegfried Kracauer sobre “El ornamento de la masa” menciona que una imagen si esta bien fotografiada no se puede confundir con nada ni con nadie, es una imagen sin defectos. Si bien el tiempo no está fotografiado, la fotografía misma es una representación del tiempo porque si la fotografía suministro duración a esos elementos representados, no los mantuvo más allá del mero tiempo sino que mas bien el tiempo habría creado imágenes a partir de ellos.
Entiende que el principio de la filología Goethiana (estudio de escritos de Goethe), es el pensar histórico, que se ha impuesto con la técnica fotográfica moderna. Pues sus representantes creen, poder explicarlo todo en todo, creen poder explicar un fenómeno cualquiera a partir de su generación la realidad histórica cuando reproducen una serie de acontecimientos en su consecución temporal. La Fotografía entonces ofrece un continuo espacial como reflejo del transcurso temporal interno que alberga, o como el sentido de los acontecimientos transcurridos en ese tiempo.
Para el historicismo se trata entonces de la fotografía del tiempo a la cual corresponden procesos que son reunidos en dichas fotografías. Uno de esos procesos lo constituye la memoria pues no incluye ni la presentación espacial global  ni el transcurso temporal de un hecho, en comparación con la fotografía pues sus trazos son discontinuos, es decir que la fotografía lo capta todo como un continuo espacial y las imágenes de la memoria conservan los dado en cuanto significan algo. Es así que las imágenes de las memoria están vinculadas a su contenido, y mientras estén a la vida instintiva, va a existir ambigüedad inherente en ellas.
Es entonces que la imagen en la que se encuentran tales rasgos se distingue de todas las otras imágenes de la memoria pues conserva contenidos que conciernen a los que se reconoce como verdadero. A esta imagen última se deben reducir todas l as imágenes de la memoria, debido a que sólo lo inolvidable persiste, pues como menciona Kracauer, “la última imagen de un hombre es su propia historia”.
Hace diferenciación entre la fotografía y la obra de arte y pone como ejemplo un paisaje de Rubens donde observa que proviene de dos lados opuestos lo cual es contrario a toda naturaleza, pues demuestra de un modo genial que el arte no está completamente subordinado a la necesidad de la naturaleza, sino que posee sus propias leyes.
Menciona que para que la historia se presente se debe derribar la mera trama de superficialidad que ofrece la fotografía, ya que en la obra de arte el significado del objeto se convierte en un fenómeno espacial, mientras que en la fotografía el fenómeno espacial de un objeto es su significado, siendo ambos fenómenos espaciales, el “natural” y el del objeto no se corresponden. La obra de arte conserva el primero en beneficio del segundo, reuniendo al mismo tiempo similitud obtenida por la fotografía que se refiere al aspecto del objeto, al que revela sin más, pero solo la transparencia del objeto puede ser transmitida por la obra de arte la cual no refleja la manifestación del hombre como tal sino como desearía ser o como es originariamente, también la obra de arte se descomponen en el tiempo, sin embargo a partir de sus elementos emerge su significado y la imagen los acumula.
Es así que con el creciente progreso  de la técnica y con ello la pérdida de significado de los objetos, la fotografía artística perdió, convirtiéndose en una imitación.
Es entonces que los fotógrafos artísticos actúan en sentido de aquellas fuerzas sociales que se interesan por la apariencia de lo espiritual, pues ya es un artista diletante que imita un tipoi de arte deduciendo su contenido en vez de tomar lo que carece de contenido, pues quiere revestir al objeto con estilo puramente técnico.
Kracauer menciona que si la fotografía es una función del tiempo fluyen, entonces su significado objetivo se modificará según pertenezca al ámbito del presente o el pasado.
La fotografía actual reproduce un fenómeno familiar a lo que la conciencia contemporánea ofrece, un pasaje a la vida original que se revela como medio de expresión comprensible como el lenguaje, la fotografía actual ya es un signo óptico cuyo conocimiento tiene validez. Cuando la fotografía envejece, entonces ya no es posible la referencia inmediata a el original, porque incluso la fotografía “vieja” se presenta como la reducción del presente, siendo que las imágenes de la memoria se comportan al revés  lo pasado rncia, sencillamente la vieja fotograf refiere la conciencia libre, sino que capta vinculaciones de la cuales se deries       que las fotografías, pues engrandecen el monograma de la vida recortada. La fotografía es el sedimento que al transcurrir de los años disminuirá su valor como signo. El contenido de verdad del original permanece en su historia, lo que está plasmado en la imagen no son los rasgos a que se refiere la conciencia libre, sino que capta vinculaciones de la cuales se deriva la conciencia, sencillamente la vieja fotografía representará lo pasado como el residuo delo que fue alguna vez su presente, convirtiéndose en un espectro de lo vivido.
Las fotografías viejas producen escalofríos a quien las observa debido a que no ilustran el reconocimiento del original, sino una configuración espacial, como una suma de aquello que se extrajo de lo representado en su momento.
Kracauer reconoce que en la actualidad la prensa y las revistas ilustran cada vez mas sus textos como prueba contundente de la extraordinaria vigencia de la fotografía en el presente, pues su intensión es reproducir un mundo accesible registrando el cliché espacial de las personas, estados y sucesos desde todas las perspectivas posibles, como suma de fotografías, pues la mayoría de las imágenes se refieren a objetos que existen en el original. Menciona que es aquí donde la obra de arte padece un destino incierto debido a su reproducción, pues en vez de aparecer, tiende a desaparecer en su multiplicidad y a perdurar como fotografía artística, por ejemplo en revistas donde su percepción queda entorpecida por el propio medio donde aparece (una revista por ejemplo).
Por esta razón Kracauer manifiesta preocupación debido a que existe una yuxtaposición sistemática en que el contexto se abre a la conciencia, donde la imagen expulsa su idea inicial, revelando indiferencia a lo que las cosas se refieren, como un hecho de engullir el mundo como señal de temor a la muerte, como si las fotografías quisieran desterrar a través de su acumulación, el recuerdo mortal inherente en cada una de las imágenes de la memoria, como si se quisiera inmortalizar a cada momento el presente, en la medida de que la conciencia se percata de sí misma, adoptando la imagen cada vez mas un significado inmaterial y desapegado. Convirtiéndose con ello en mera alegoría donde el pensamiento conserva y utiliza la imagen como si la conciencia no quisiera adentrarse en ella creándose un esquematismo parcial deliberado.
Es así que la totalidad de las fotografías deberán tomarse como un inventario general de la naturaleza ya irreductible de fenómenos que se dan a partir de una perspectiva natural en el historicismo. El archivo fotográfico es entonces la reproducción de los últimos elementos de las naturaleza enajenada de significado, imágenes descompuestas en sus elementos, su vinculación con el original ya es inexistente.
Fotografías: WEEGEE.

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