WALTER BENJAMIN. Autenticidad fotográfica.


Podemos ubicar el ensayo de Walter Benjamin, "Breve historia de la fotografía" de 1931, en el que se hace un examen del impacto de la fotografía en el mundo de la pintura, relacionando el dispositivo fotográfico con la estructura social existente en Francia e Inglaterra hacia 1840. Para Benjamin, la aparición de la técnica de reproducción de las obras de arte, representada por la aparición de la fotografía, debe ser entendida incluso como "una crisis de la percepción misma", es decir, como el nacimiento de una nueva manera de entender la realidad, íntimamente ligada al desarrollo de la nueva sociedad industrial capitalista, una sociedad urbana, tecnificada, en la que el espacio del ocio y del entretenimiento, y de la cultura en general, no escapa a la aplicación de la lógica de la organización industrial, en lo que respecta a los sistemas de producción, explotación y distribución.
Para Benjamin, la reproducción técnica produce una “atrofia del aura" de la obra de arte, es decir, "la técnica reproductiva desvincula lo reproducido del ámbito de la tradición". De este modo, la aparición de la fotografía ha provocado una profunda transformación de la concepción del propio arte, porque el valor de la obra de arte, su "autenticidad", se fundaba "en el ritual en el que adquirió su valor de uso primero y original".
En la sociedad de masas, la reproducción técnica de las obras de arte fractura así su sentido original: el espectador deja de reconocer el "aura" de los objetos artísticos, que define como "aparición irrepetible de una lejanía, por cerca que pueda hallarse". Así pues, la era de la reproductibilidad técnica ha producido una subversión del propio concepto de arte, en la medida en que ya no es posible reconocer la singularidad de los artefactos artísticos, al cuestionarse su valor de culto, en detrimento de su "valor de exhibición". Desde un punto de vista político, el surgimiento de la fotografía ha supuesto un cambio definitivo en la concepción del arte que, de una u otra forma, siempre se había relacionado con la magia, y el culto irracional. De este modo, la fotografía precipitó un cambio en la concepción del arte, transformado ahora en mercancía, hasta el punto de que resulta muy difícil reconocer en ella su "valor estrictamente artístico", como señala Benjamin recordando una reflexión de Bertolt Brecht.
Benjamin nos dice que existe algo que la fotografía en un primer momento logró captar pero que luego no, ese algo es el aura, esta aura dice, en el primer momento de la fotografía, antes de su industrialización se encontraba presente en la foto, pero después de la industrialización ya no estaba, la había perdido, pero no en el sentido estricto de la palabra, ya que la fotografía no liquida el aura sino que la transforma. La fotografía “pierde” el aura después de la industrialización porque lo que toma importancia ya no es el original, ni siquiera la primera copia, sino que son las copias de las copias. El aura de la fotografía o mas bien el aura en Benjamin era aquello que nos hace venerar aquello representado, esa especie de valor de culto que presenta la fotografía en sí.
Para Benjamin, lo relevante de la época en la que escribe no es que la obra de arte sea susceptible de ser copiada y por tanto de ser reproducida, sino en el hecho de que esto pueda hacerse en cantidades industriales gracias al desarrollo de las técnicas de producción. Efectivamente, la reproducción de las obras de arte siempre había sido un fenómeno desde el momento en el que los discípulos podían copiar las obras de los maestros, y existían desde tiempos remotos formas primitivas de producción técnica tales como el fundido. Lo que marca la diferencia en la época contemporánea, según Benjamin, no es el acento en la reproducibilidad en sí, sino en el carácter masivo de esta, tanto en su modo de producción como de acceso por parte del público. Este carácter no es solamente un asunto meramente cuantitativo, sino que hay además una diferencia cualitativa.

Al hacerse susceptible de ser reproducida un número indefinido de veces, una obra de arte pierde algo, su carácter de obra única e irrepetible, su identidad propia, es decir, su unicidad; aquí entra en escena uno de los conceptos de la estética de Benjamin, el de “aura”, que la define literalmente como “la manifestación irrepetible de una lejanía (por cercana que pueda estar)”. Es decir, que el aura de una obra tiene que ver con varios conceptos; uno de ellos es el de la cercanía o lejanía, tanto espacial como temporal; otros dos son el de tradición y el de memoria, y en general puede identificarse aproximadamente con el carácter único de una obra determinada, que permite a través de dicha unicidad establecer un lazo entre el espectador que está inserto en una tradición cultural dada y los lejanos referentes a los cuales remite; es decir, el aura se refiere al carácter único y genuino de la obra.
Fotografías: Walker Evans






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