LA SOMBRA EN LA FOTOGRAFÍA



En los tratados de pintura del Renacimiento se recomendaba a los pintores que utilizaran una luz difusa, a fin de que su sombra no se proyectara sobre la tela y no corrieran el riesgo de distraerse de su trabajo. Si bien está recomendación sugirió a los fotógrafos desconfiar de su propia sombra, su voluntad pasaba más por mantener la ilusión de que la fotografía ofrecía un medio perfectamente objetivo. Eso haría explicar la intención de hacer desaparecer toda huella de la presencia del fotógrafo. 
Con la llegada de la vanguardia cambió el estatuto de la sombra. En pintores como Giogio de Chirico , podemos apreciar en sus cuadros como las sombras se alargan y en Pablo Picasso, que a veces marca sus telas con su silueta oscura, o que Marcel Duchamp multiplica las proyecciones.

 Esta reformulación de la función de la sombra en el arte en general, y en la pintura en particular, le debe mucho a la fotografía. La sombra proyectada por las figuras, que había sido expulsada por las imágenes durante casi un siglo fue, a partir de 1920, reintegrada en forma masiva al vocabulario de la modernidad fotográfica. Así entonces la cualidad de la sombra se consideraba como autentica propuesta estética. Lo que importa principalmente no es entender las razones que impulsaron a las vanguardias a adoptar de manera regular ciertas formas visuales juzgadas como erróneas, sino averiguar porqué determinados recursos fueron percibidos como fracasos, luego como éxitos. Esto sucedió en buena medida por el espíritu subversivo de las vanguardias, por un profundo cuestionamiento de las referencias anteriores, un verdadero “trastorno de los valores”.

 En la misma medida que sus fotografías, los escritos teóricos de Moholy-Nagy revelan un gran interés por los errores del medio fotográfico. Decía: “El enemigo de la fotografía es lo convencional, las reglas rígidas de los manuales. La salvación de la fotografía está en la experimentación. El que experimenta no tiene una idea preconcebida de la fotografía. No cree que la foto, como se piensa hoy, sea la repetición y la transcripción exacta de un punto de vista ordinario. No cree que los errores fotográficos deban ser evitados, pues solo desde un punto de vista histórico convencional se les puede considerar como accidentes banales”.


László Moholy-Nagy. La hija de Oscar Schlemmer. 1926
André Kertész. Autoretrato. 1927
 



 Moholy-Nagy fué consciente de que los errores del leguaje fotográfico constituían una excelente base para la nueva gramática visual que intentaba componer. De esa manera Moholy-Nagy reintroduce de nuevo al autor y a la técnica a fin de subrayar su importancia intrínseca. 

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