LA FOTO DE IDENTIDAD Y LA IDENTIDAD EN LA ERA DIGITAL




La foto ha perdido su características de atestiguamiento; como índice, como huella irrefutable, se ha degradado. Todo esto gracias, entre otras cosas, al surgimiento de las tecnologías digitales.
Y aunque se puede y se debe cuestionar la creencia de que existe una ruptura cultural fundamental entre lo fotográfico y lo digital, ya que hay fotografías que se realizan con medios digitales pero que se encuentran bajo la misma dinámica de la fotografía analógica, como por ejemplo las fotos de identidad (que cada vez más a menudo se realizan con cámaras digitales y se imprimen en ordenador, y de las cuales yo acepto los principios del método científico que garantiza que ese soy yo), ciertas prácticas fotográficas que utilizan las tecnologías digitales han puesto a tambalear a la fotografía como huella.

Por otra parte, con los avances tecnológicos la idea de realidad dio paso a lo hiperreal con gran verosimilitud: lo hiperreal se ha vuelto la norma. La estabilidad en la representación fotográfica, en estos casos se ha terminado. “Así, la ‹‹muerte›› que la fotografía ha sufrido en la era electrónica consiste en realidad en un proceso de ‹‹desindexación››. El nuevo escenario epistemológico devuelve a la imagen la linealidad de la escritura o de la pintura. La fotografía se libera de la memoria, el objeto se ausenta, el índice  se desvanece. La cuestión de representar la realidad deja paso al énfasis en la construcción de sentido”. (Fontcuberta, 1999, P. 106) Cosa que algunos, desde hace bastante tiempo, ya lo sabían, porque la fotografía y sus ficciones hacen referencia a la realidad de un modo productivo, es decir, la establecen. Lo que pasa es que esta forma de asomarse al mundo y de sentirlo se ha naturalizado de una manera tal en muchos casos que se acepta como la verdadera. Lo que la foto digital permite, es que sus estrategias , se develen fácilmente, perdiendo así, mucho de lo que poseía: la singularidad, el atestiguamiento  y la designación.

Si una de las características de la fotografía era detener el tiempo, fijar un momento cualquiera en un pedazo de papel, y extraerlo de su corrupción, trabajos como el de la artista norteamericana Nancy Burson han trastocado esta función.

En una instalación interactiva y mediante modelos informáticos conseguía transformar la foto de una persona y mostrar como sería su rostro en las diferentes fases del proceso de envejecimiento. De esta manera ha hecho que la fotografía deje de ser la evidencia de unos fragmentos del pasado, para convertirse en videncia, para asomarse al futuro y predecir como serán sus apariencias. El problema de tener que identificar a las personas con una imagen de su pasado parece solucionarse cuando el FBI empieza a utilizar la age machine de Burson para buscar niños desaparecidos, aumentando la eficacia del rastreo.


Instalación: Human Race Machine de la artista Nancy Burson.  


Claro que esas predicciones de la máquina sobre cualquier rostro pueden ser perfectamente fallidas: el cuerpo se ha vuelto tan fácil de manipular que las cirugías de estiramiento de la piel, los implantes, las liposucciones, la variación de las bocas y narices, hacen que éste se transforme dramáticamente o que permanezca “invariable” al paso de los años.


Orlan, artista que se ha sometido a numerosas cirugías plásticas para transformar su apariencia. 

Es por esto, por la facilidad tanto de las manipulaciones digitales en las imágenes como de las intervenciones corporales (ambas realizadas puntualmente), que una foto de identidad importa poco como en el film Gattaca: la identidad se desliza la interior, los análisis de ADN se han vuelto su prueba irrefutable.

Y este ejercicio fotográfico que podría pasar desapercibido  dentro del uso normal y previsible que le dan las mujeres al ensayar peinados virtuales, evidencia, que en el caso de un hombre lo use, la facilidad con que se puede dar el travestismo en esta época digital, porque en ese juego con la identidad ha entrado también el cuerpo sexuado; éste se ha entregado a un destino artificial que es la transexualidad. No como una desviación natural sino como una mutación en el orden simbólico de la diferenciación sexual, que igual que ha ocurrido con el look, ya no se trata de la diferencia sino de la indiferencia de sexo. “(…) Lo transexual reposa sobre el artificio, ya sea el artificio anatómico de cambiar de sexo o el juego de los símbolos indumentarios, morfológicos o gestuados característicos del travesti.” (Baudrillard, 2000, p. 19).

Como el caso de Michael Jackson, Lady Gaga, Marilyn Manson, etc. “son todos mutantes, travestis, seres genéticamente barrocos cuyo look erótico oculta la indeterminación genética”(Baudrillard, 2000, p. 20). En esta era digital lo que triunfa es el transexual y el travestido como forma sexual y estética en general[1].




[1]C. Restrepo, La foto de idéntidad: Fragmentos para una estética, Medellín, Fondo editorial Universidad EAFIT, 2002, P. 64-69.

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