Sí pero no




Me gustaría tener tu retrato. Es una idea que se apoderado de mí. Hay un excelente fotógrafo en El Havre. Pero temo que esto ahora no sea posible. Sería necesario que yo estuviera presente. Tú no entiendes de ello, todos los fotógrafos, aunque sean excelentes, tienen manías ridículas: consideran que es una buena imagen una imagen en que todas las verrugas, todas las arrugas, todos los defectos, todas las trivialidades del rostro se hacen visibles, muy exageradas: cuanto más dura es la imagen, más contentos se quedan. Además, yo querría que el rostro tuviera al menos la dimensión de una o dos pulgadas. En París no hay nadie que sepa hacer lo que yo deseo, es decir, un retrato exacto, pero que tenga la indefinición de un dibujo. Bueno, ya pensaremos en esto ¿verdad?

De una carta de Georges Bataille a su madre.


Estamos en constante contacto con la idea de que la fotografía es una forma fiel de representación de la realidad, como si la cámara tuviera el poder de recortar un instante de la vida y eternizarlo gracias a los haluros de plata y demás pociones. Todas esas frases que ya hemos escuchado de que la imagen vale más que mil palabras y ver para creer y todo eso, surgen de esa idea generalizada de que las fotografías son verdaderas, o eran verdaderas hasta un momento. Pero no necesariamente para que algo sea real o sea una representación de la realidad tiene que ser figurativo, o naturalista o estricto o perfecto. De hecho el poder de la fotografía fue tal que nos educó, nos adoctrinó. Ya sabemos cómo tiene que lucir un atardecer, o una relámpago, o un bebé apretando con todos los dedos de la mano el índice de un adulto cualquiera. Suceden cosas así frente a nuestros ojos y más de alguna vez seguramente hemos escuchado "está de foto" o "parece de foto". La fotografía sobrepasó a la imagen y empezó a importar más la fotografía que la imagen y luego otra vez al revés. Y en realidad no importa. El poder de la fotografía no es decir la verdad, o tener el poder de plasmar mediante quién-sabe-cuáles procesos físicoquímicos una imagen de un evento ocurrido, en un papel, sino que es un puente, o un vehículo para otras cosas, un medio para dar significados diferentes a los acontecimientos, para crearlos, porque hay muchísimos momentos que no ocurrirían si no fuesen a ser fotografiados (las fotos de generación, de grupo, por ejemplo). La foto no sólo archiva situaciones sino que las genera y al rededor de este proceso también surgen otro montón de hilos, que son preciosos y complejos y quizá innumerables. La foto que busca Bataille de su mamá es imposible pero ya existe en su cabeza, existe porque es posible imaginarla pero quizá imposible hacer un garabato de una cara de ése tamaño, a partir de técnicas fotográficas. Los mejores retratos no son siempre en donde menos gordas salimos, o donde más contentos estamos. Son los potentes, los que generan una circunstancia que no hubiera sido transmitida de no ser por la fotografía. ¿En realidad importa qué tan clara, qué tan "fiel", es una imagen?. Una de las fotografías más poderosas de la historia tiene a un hombre frente a un tanque, ni vemos el rostro del hombre.  No es una representación perfecta de la realidad, no es un diagrama o mapa impecable de la circunstancia, no nos saca de dudas, nos expone a otras. La foto puede dar cachetadas diciéndonos la verdad o través de mentiras. Esa "indefinición" que busca el escritor francés en el retrato de su madre bien podría ser porque la cara de su madre está en su madre, no necesita un Doppelgänger de su cara, no es necesario, y aunque la madre muriera, el rostro está en la memoria de los que la conocieron, él quiere un retrato de tales características porque la real está aquí, es la que lee la carta. El retrato es otra cosa. Tiene que ser otra cosa.



1. Fotograma de "Everything is Illuminated" de Liev Schreiber, 2005.
2."El Rebelde Desconocido", Jeff Widener, 1989.


No hay comentarios:

Publicar un comentario