El terremoto y la memoria

Llegué a vivir al Distrito Federal hace poco más de un año, ser una persona externa, un personaje foráneo me ha permitido darme cuenta de las diferencias que hay entre los habitantes del DF y los de mi ciudad natal. En realidad eso no es lo importante, pero una cosa que me pareció muy notoria fue el tema de los temblores. El 10 diciembre pasado sentí el primer temblor "fuerte" en la ciudad, yo estaba dormida y salí disparada de la azotea en la que vivía en ese momento. No pasó nada, sólo fue "el susto". Cuando salí de mi edificio vi mucha gente muy asustada, tanto que sentí la obligación de asustarme más de lo que estaba, como si hubiera cierto nivel socialmente aceptado de miedo que tenía que sentir, había mujeres llorando y un par de personas llegaron muy amablemente a preguntarme si estaba bien y demás cosas. Después caí en cuenta que mi edificio estaba ubicado en una de las zonas que más sufrieron y fueron devastadas durante el temblor de septiembre de 1985. Vivía prácticamente frente al Centro Médico Siglo XXI. Pensé que quizá todos los residentes de la colonia Roma Sur estábamos condenados a temer mucho más con cada movimiento telúrico por el pasado que había vivido la zona. Con el tiempo me fui dando cuenta de que los habitantes de la Ciudad de México tienen muy presente el evento, por lo menos más que yo, y que la mayoría recuerda qué estaba haciendo ése día. Yo no sé qué estaba haciendo, era un bebé y el recuerdo que tengo de ése día más bien se fundó a partir de trozos de los recuerdos de mis padres. El temblor fue una circunstancia o proceso o cosa geográfica, geológica, física y demás, que provocó estragos en la parte arquitectónica y social de la ciudad. Los temblores no matan gente, los edificios sí. La memoria colectiva posee mucho espacio y al mismo tiempo pareciera que de pronto no le cabe ningún dato más. Cada año en estas fechas vemos un reportaje en televisa con la voz de Zabludovsky e imágenes de las ruinas, sabemos de los topos, de la hermandad que se creó, de los bebés que sobrevivieron en los cuneros, del montón de cuerpos y demás, pareciera una canción. Quizá si cada año pasaran el mismo reportaje diciendo las mismas cosas ni nos daríamos cuenta y tampoco importaría mucho. Lo que tiene poder y lo que es de estudiarse o de detenerse a mirar (además del inegable poder de la ciudadanía, la compasíón, la fuerza de la gente, etc.) es la memoria, el recuerdo. Incluso ése recuerdo está ahora vigente para personas como yo que no nacimos en esta ciudad y que no recuerdan practicamente nada de aquél 19 de septiembre. Los recuerdos no siempre son nuestros, la memoria de una sociedad es pública y las imágenes lo más seguro es que no las hicimos nosotros.

Hoy se conmemoran 27 años de tal suceso y para conmemorarlos de una forma mucho más productiva que un reportaje de 2 minutos en la televisión (seguido del resultado de cualquier partido de fútbol), la Fundación Pedro Meyer, compartió la galería de fotos que tomó el fotógrafo mexicano sobre este hecho. Una selección de fotos hermosa, triste, que da coraje y al mismo tiempo esperanzadora, que se siente ajena y propia. De un pueblo adolorido pero que quizá también se ha apropiado de una forma tan potente de este dolor que ha sido difícil lograrlo soltar.









*Aquí el vínculo a la galería completa de imágenes http://www.pedromeyer.com/galleries/earthquake/

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