La subversión de las imágenes

“Todo descubrimiento que cambia la naturaleza, el destino de un objeto o de un fenómeno, constituye un hecho surrealista”

La Révolution Surrealiste

Esta declaración constata la manera en que los surrealistas apreciaban los cambios de la modernidad y, por ende, cómo se aproximaron al acto fotográfico. Como es sabido, el quehacer estético surrealista se sirvió de todos los medios de expresión plástica y literaria para realizar su cometido que, apropiándose de la idea de Rimbaud, era “cambiar la vida” y que se concretó en una multiplicidad de propuestas cuyo objetivo era “cambiar la mirada”.

Nacido desde la literatura, el surrealismo siempre tuvo en mente que cambiando la mirada, la forma de ver las cosas, tanto interna como externamente, se podrían suscitar cambios en la forma de vivir el mundo. La fotografía, con una óptica precisa, instantánea, manipulable, enigmática, era el medio perfecto para crear imágenes subversivas. En este sentido, la exposición itinerante, La subversión de las imágenes (2009-2010), del Centre Pompidou, examina cómo los surrealistas se sirvieron de este medio para crear un nuevo lenguaje de la imagen, uno que por su fuerza subversiva tuviera un impacto sobre el espectador y le hiciera reflexionar sobre su entorno y su (ser) interno.

Un texto de la exposición explica cómo el título tiene un doble sentido (muy al estilo surrealista) y que subvertir significa, por un lado, “transformar la imagen, pero también subvertir a través de la imagen, alterando las coordenadas de la realidad”. Dándole otra vuelta de tuerca, me parece que la imagen física, más que elemento pasivo se convierte en agente activo y que, es ella misma la que subvierte los significados de las formas, muchas veces tomadas al azar y otras minuciosamente manipuladas, para sorprendernos con una variedad de posibles significaciones sin fin. Así que, tal como expresa el título de esta exposición, es la subversión de las imágenes mismas, son ellas las se revelan ante sus creadores y espectadores para dar una nueva visión de la realidad.

Algunos apuntes sobre la exposición y sobre la experimentación del grupo artístico con la fotografía.

La acción colectiva
Según la visión de Lautrémont, “La poesía debe ser hecha por todos, no por uno.”  De esta manera y como ya venían ejerciendo a través de la literatura y la plástica, por medio de la escritura automática y los cadáveres exquisitos, la búsqueda de un arte impersonal y subconsciente a través de la creación en grupo, la fotografía también fue un acto colaborativo. Desde escenificaciones teatralizadas, retratos grupales improvisados, montajes aleatorios y collages colectivos, la fotografía sirvió para defender el grupo frente al individuo y crear una visión lúdica del acto creativo. 





Felices encuentros azarosos
La “poesía involuntaria” de Paul Eluard tuvo en la fotografía surrealista una variedad de expresiones cuyos resultados diferían según los métodos utilizados.

Los surrealistas recorrían la vida en búsqueda de encuentros fortuitos que develaran lo maravilloso en lo real. De esta forma, la cámara sirvió como medio explorador de un entorno familiar, como sucede con las fotografías de la ciudad que revelaban aspectos sobre los cuales antes no se había deparado. Asimismo, los acercamientos de objetos comunes o de partes del cuerpo humano enfocaban detalles que se convertían en objetos de deseo o de repulsión, haciendo que el subconsciente individual procesase las formas y les diese un significado propio y quizá inusual. La imagen directa cobra un sentido sugestivo y enseña al espectador a mirar de otra manera; como una especie de objeto encontrado, otro de los recursos surrealistas que reinventa la forma de ver y el punto desde donde se observa.




Por otro lado y recordando la explicación de Franz Roh en Mecanismo y expresión: esencia y valor de la fotografía, el fotograma es “simplemente el encuentro de determinados objetos con papel fotosensible.”  Como si éstos se pudieran “encontrar por sí solos,” esta afirmación recuerda la bien conocida cita de Lautrémont que describe atinadamente el espíritu surrealista: “Bello como el encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, de una máquina de coser y un paraguas.”  Esta idea es muy representativa, no sólo de la filosofía surrealista en el sentido de encontrar belleza y/o nuevos significados con la contraposición de objetos dispares, sino también muy ad hoc al acto fotográfico del fotograma que busca en la realidad nuevas posibilidades de interpretación de los objetos. Ese encuentro sobre el papel fotosensible de objetos dispares que, a través de veladuras y transparencias conseguidas por el tiempo de exposición y tipos de luz, hace eco de esta belleza “accidentalmente” encontrada.




Otro feliz encuentro es aquel que sucede en los fotomontajes que, descritos por Raoul Hausmann, resultan en “una explosión de puntos de vista y la interpretación arremolinada de varios niveles de imágenes superior a la complejidad de la pintura futurista.”  En este caso, según mi punto de vista, las imágenes se utilizan como palabras que se cortan, pegan, superponen, se conjugan, y que a manera de vocabulario nos expresan enunciados inverosímiles. Poemas, metáforas, nuevas lenguas construidas por medio de palabras conocidas y, por lo tanto, asequibles a nuestra interpretación a pesar de su enigmática composición para la percepción.





El mecanismo y su función
Uno de los aspectos que a mi parecer distingue a los surrealistas es el amor por ver, que se transforma en deseo por ver y en una nueva manera de ver. Si bien esto se podría decir de cualquier artista o corriente artística, creo que en los surrealistas se potencializa y se desnuda como enfoque de su obra visual y es por ello que el ojo se vuelve un tema central de sus creaciones. El ojo como órgano intermediario entre la realidad (objetiva) y la interpretación (subjetiva); como mecanismo para la percepción. 


Bretón dijo que “el ojo existe en estado salvaje”. Hay que educarlo, domesticarlo, entrenarlo o no, también hay que dejarlo ser en algunos momentos. En cualquier caso, el ojo como la cámara es sólo un medio que hay que dirigir y que en ese dirigir reside su función. 


Otra de las recomendaciones del Pope del movimiento era: “forma tus ojos cerrándolos.”  Nuevamente la doble interpretación se suscita. En primer lugar, es un llamado hacia el interior, hacia la subjetividad de la interpretación del acto perceptivo. Por otro lado, y haciendo alusión al mecanismo fotográfico, es al cerrar el objetivo que se captura la imagen y se forma una nueva visión de la realidad.


El mecanismo no se autojustifica, es su función la que le da valor; pero es el valor con el que se usa que le da significado y ésta es la función del arte; el acto fotográfico resignifica; la fotografía es arte.


El Surrealismo encuentra en la fotografía un medio idóneo para sus fines expresivos y estéticos, pues utilizan la imagen como un lenguaje que permite todo tipo de planteamientos y de esta manera son capaces de subvertirla.

“Con el poder de las imágenes y el paso del tiempo es como se realizan las verdaderas revoluciones” , André Breton.

Así, la fotografía sin más puede ser considerada un “hecho surrealista”, pues su invención cambió la naturaleza de la mirada, el objeto del arte y se convirtió en un fenómeno cuyos alcances fueron inimaginados. 

 

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