Nahui Ollin: La mujer del Sol.

De Carmen Mondragón se ha dicho mucho, por ejemplo, Andrés Henestrosa  comentaba que: “Carmen al igual que Frida, eran de esas personas que se desconocen, que no saben quiénes son, que se fotografían y autorretratan para verse a sí mismas”. Por su parte, alguna vez Elena Poniatowska  expresó: “De que Nahui  tenía el mar en los ojos no cabe la menor duda. El agua salada se movía dentro de las dos cuencas, y adquiría la placidez del lago o se encrespaba furiosa tormenta verde, ola inmensa, amenazante. Vivir con dos olas del mar dentro de la cabeza no ha de ser fácil”. Se dice que en sus últimos días andaba por las calles, vestida con harapos, y decía que era la dueña del sol: cada mañana, lo hacía salir con su mirada, y cada noche al irse a dormir  lo devolvía al ocaso.
Caótica. Colérica. Enérgica. Alucinante. Bella. Intempestiva. Magistral. Moderna. Sensual. Sexual. Semi erótica. Delicada.  Sin duda alguna Carmen Mondragón se ajusta a cada uno de los adjetivos utilizados en este párrafo, pero hay uno en particular que engloba todos: Musa.  Nahui Ollin con ese cuerpo salvaje lleno de pulsiones y fuerzas, que la quemaban desde las entrañas, con esos ojos que como bien describió Elena Poniatowska tenían el mar adentro, y sobre todo sus modos desenfadados, logró destacarse de las demás mujeres de su época (fue la primer mujer en México que usó la infame minifalda y se dice la primera niña de sociedad en divorciarse). Su desenfado le ganó la atención del selecto círculo de intelectuales conocido como “Los Contemporáneos”, convivió también con Diego Rivera, para quien posó y se rumora fue este mismo personaje  quien le presentó a Gerardo Murillo, mejor conocido como Dr. Atl.  Murillo y Mondragón compartirían una visión del mundo un tanto caótica, dos temperamentos explosivos que se unirían para crearse y destruirse mutuamente, una y otra vez, tal cual como sucedía en la Leyenda del Quinto Sol (de aquí se desprende el sobrenombre de Carmen). Nahui  inspiró a Atl, Atl inspiró a Nahui, ambos tomaron lo que pudieron del otro y tomaron rumbos separados.
La relación de Carmen Mondragón con Gerardo Murillo, no sólo los inspiró a ellos, sino que aquellos pertenecientes su círculo de amigos, se vieron tentados a reproducirles ya fuera en palabras o en imágenes, particularmente a ella. Entre su fila de admiradores se encontraban: Tina Modotti, quien no se cansaba de alabar la belleza e ímpetu de Carmen; Edward Weston, quien le prometió hacerla una gran estrella en Hollywood; Matías Santoyo, su eterno enamorado y más fiel retratista; Antonio Garduño, quien en más de una ocasión retrató su cuerpo desnudo, por mencionar algunos. Estos artistas se apropiaron de la imagen de Carmen, la hicieron suya a través de la cámara o del pincel, captaron lo que las palabras no son capaces de describir, pareciera como si la esencia misma del quinto sol fuese a desbordar de las reproducciones, la musa nos habla a través de las imágenes con su rostro, su cuerpo y un millón de afecciones que en ella se conjugan. Pareciera que Nahui Ollin está en constante línea de fuga, casi como si intentara huir de un mundo tridimensional, para adentrarse en la bidimensionalidad de lo etéreo.


*Fotografías de Antonio Garduño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario