Las Diferentes Visiones entre Función – Utilidad y Estética de los Rascacielos.

Con las nuevas ideas estéticas de la Bauhaus, nacieron alrededor de ella otras manifestaciones e ideologías con respectó a la construcción de edificios funcionales, y con esto también los sueños de las ciudades perfectas.

Uno de estos casos es el de Le Courbusier (1887-1966 Charles- Edouard Jeanneret- Gris), presenta en París el proyecto de una ciudad Contemporánea para Tres Millones de Habitantes. En su mismo centro habría un aeropuerto, emplazado en medio de un grupo de rascacielos de oficinas regularmente separados entre sí, mientras que los biplanos zumbarían como abejas entre ellos.

Alrededor de este núcleo central ubicaba los bloques residenciales de cinco pisos de altura, rodeados de zonas verdes salpicadas de campos de juego e instalaciones  deportivas. La ciudad estaría entrecruzada por una red de autopistas a distintos niveles; en uno de sus dibujos, Le Corbusier presentaba una perspectiva básica de la ciudad del futuro, con los rascacielos de oficinas jalonando todo esa amplia red de viales.





En su Ciudad Contemporánea para Tres Millones de Habitantes, Le Corbusier estableció una clara distinción funcional entre los rascacielos de oficinas y los bloques lineales residenciales, más bajos. Sin embargo, para un uso funcional concreto, todos los edificios eran idénticos. Cuando, después de la II Guerra Mundial, los norteamericanos empezaron a usar las ideas de Le Corbusier como base para sus edificios reales, emplearon, a menudo indebidamente, los rascacielos para uso residencial, ya que con ello se aumentaba meteóricamente la densidad de población.

Funcionales o no, comerciales o residenciales, el rascacielo ha sido uno de los diseños arquitectónicos que los fotógrafos de las vanguardias han registrado como un ojo enajenado. Como las aventuras fotográficas de Charles C. Ebbets:
Chales Ebbets nació en Gagdsen, un pequeño pueblo de Alabama, en 1905. Su afición por la fotografía comenzó en él siendo todavía un niño y no dudo, con tan solo 8 años, en comprar su primera cámara en una tienda local, cargando el importe en la cuenta que su madre tenía allí abierta, acto valiente que le costó un buen tirón de orejas pero que valió la pena, ya que al final consiguió quedarse con la cámara.

                                         Charles Ebbets con su cámara, en el Rockefeller Center











Fuentes:
Leland M Roth; entender la Arquitectura, editorial GG, 2005.



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