¡Que viva México!

Muchos fueron los extranjeros que se enamoraron de nuestro país y dejaron registro a través de sus fotografías. Uno de ellos fue Sergei Eisenstein. 

El 7 de diciembre de 1930 llega a México el director cinematográfico más avanzado de la Vanguardia Soviética y para muchos, el mejor del mundo: Sergei Eisenstein.

Durante 14 meses recorrió todo el territorio mexicano, logrando recopilar una gran cantidad de imágenes, con las cuales pretendía enseñar una imagen nueva de México, diferente a la que mostraba Hollywood, la cual era de contenido racista, sexista y denigrante. Con la ayuda de Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Manuel y Lola Álvarez Bravo, Carlos Mérida entre otros, pretendía filmar su película ¡Que Viva México!. Sin duda alguna, la película hubiera sido un éxito magistral, ya que sería la síntesis de las Vanguardias Soviéticas y Mexicanas, que en algún sentido eran las más avanzadas, ya que se percibían como consecuencia de las dos revoluciones políticas que habían derrocado. 

En El Universal, (diciembre 9 de 1930), Eisenstein afirmó: “[...] Vengo a México [...]  a hacer una película sobre este país, de cuyo pueblo y de cuyo arte soy un gran admirador; una película que muestre al mundo entero las maravillas que aquí se encierran. En estos momentos existe en Europa gran interés por México, y quiero mostrarlo tal cual es, para lo cual espero obtener la cooperación del pueblo y para el desarrollo de mi proyecto deseo entrar en contacto desde luego con artistas, fotógrafos, etc/ Durante un mes aproximadamente me dedicaré a estudiar el ambiente mexicano, y después procederé a la manufactura de la película basada en un asunto local. Tras este estudio decidiré si la obra la basamos en un argumento determinado o en una exposición fiel del país, de sus costumbres y de su pueblo, documentándome previamente en visitas que realizaré el Distrito Federal y regiones inmediatas y al Istmo de Tehuantepec y a Yucatán, pues no omitiré por ningún motivo las famosas ruinas de Chichén Itzá, y mi interés por el folklore local es enorme […]















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