¿Angelitos?

 
En el siglo XIX, hacer retratos de los niños fallecidos era una práctica común y aceptable, no por ello menos escabrosa, a la llegada del siglo XX las cosas comenzaron a cambiar a partir del descubrimiento del poder de las imagenes infantiles.
 
La imagen de un niño provoca instantaneamente alguna reacción en el observador, ternura, alegría, nostalgia, qué se yo. La inocencia que se le supone a los infantes multiplica su efectividad con una construcción adecuada y aplicable para la manipulación visual.  Las fotografías más elocuentes de niños no son precisamente las que todos tenemos guardadas en un album familiar, si no aquellas que esconden un mensaje tras el rostro de la más hermosa primavera.
 
En el siglo XXI utilizar a un niño para transmitir un mensaje "socialmente comprometido" es ya una práctica tan barata que sólo los "altruistas" (maximicen las comillas hasta la repulsión)  caen o dicen caer en el artificio.
 
La polémica más reciente en torno a la fortografía infantil comenzó con la publicación de las fotografías sensuales de niñas en Vogue que hizo a más de uno preguntarse por qué tanto estamos dispuestos a pervertir la imagen de un niño con fines publicitarios, queda claro que de dignidad los adultos saben ya muy poco y que la venta desmedida de productos justifica los medios.
 
 
 
 
 
La decadencia de la polémica aterriza en México, pero como era de suponerse la imagen infantil utilizada para fotografía de moda aquí cambia el vituperio por el aplauso, desprendiendose de la innegable elegancia de las fotografías de Vogue, por una construcción chata, chafa y presuntuosa inherente a la fresada mexicana encargada de la semana del "bbmundo fashion day" un evento en el que la fotografía es un afiche mal logrado, los niños un anzuelo tan evidente que debería repeler y la "moda" un disfraz vacío.
 
 
¿Fotografiar angelitos?   ¡Ya basta!
 
 
 
 

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