Anónimos y sin títulos



Imágenes en el tiempo:Memoria histórica visual en el norte de Jalisco,  es una muestra fotográfica que pienso no se puede enmarcar teóricamente dentro de lo que hemos estudiado en clase. Esto es a mi parecer porque no pertenece a una corriente, a un artista o grupo de artistas con ciertas intenciones, a tendencias pictorialistas o de fotografía directa, sino que presentan el resultado del uso de la cámara para retratar y “documentar” el entorno cotidiano por individuos comunes que se hicieron de un aparato fotográfico para captar sus impresiones y compartirlas con sus más allegados.

En este sentido tampoco se puede hablar de instantáneas propiamente, puesto que muchas imágenes se han preparado, como demuestran las poses, las actitudes, las vestimentas e incluso en algunos casos las escenografías. Otras sin embargo, si captan un momento espontáneamente y muestran situaciones históricas irrepetibles.





Sin embargo, tras leer a Olivier Debroise y teniendo en cuenta el uso etnológico y tipificador que se la ha dado a la imagen fotográfica en México a lo largo de la historia, me parece que esta muestra, que retrata la región del Norte de Jalisco desde 1850-1950, cobra relevancia en esta reflexión. Por un lado, se nos presenta una “patria chica o matria” como menciona Jean Meyer, en alusión a Luis Gonzáles, en su texto para la exposición, que se convierte en una pieza más del puzzle de lo qué es y ha sido México. Junto con las fotografías de todos aquellos, extranjeros o locales, que de manera intencional han utilizado la imagen como vehículo para la presentación de la identidad de nuestro país, estas fotografías ofrecen las visiones y los deseos identitarios auténticos, desde el punto de vista del que busca su identificación.

No son por tanto grandes obras fotográficas u obras de arte, aquí la discusión discurre por senderos más sociológicos que estéticos, sin embargo es pertinente ver la influencia de ida y vuelta que el concepto de la imagen tiene sobre aquellos que toman una cámara para hacer fotografía. Por un lado los retratos, desde el meticuloso daguerrotipo a manera de carte de visite, pasando por las imágenes de estudio o que pretenden presentar una imagen específica de un ser querido, hasta la desenfadada fotografía que muestra la dignidad de la vida tal cual es. Si bien estos fotógrafos, que podríamos en algunos casos llamar amateurs o aficionados, no pretenden insertarse en las corrientes de debate del devenir fotográfico, sus miradas están influenciadas por lo que “es un retrato”. Así, los sujetos retratados adoptan poses, se visten (o son vestidos) para la foto, a la manera en que ésta debe de ser tomada, puesto que es un momento especial, un momento para el recuerdo. De ahí la distancia con las instantáneas de hoy, en las que priman la velocidad y la inmediatez, que con el teléfono móvil sólo pedimos al retratado sonreír sin mayores preámbulos e inmediatamente es subida al face, cuyas entradas el día de mañana serán ya “historia”.






Estas fotografías son hechas también con la intención de mostrar y demostrar, y en muchos casos se ven consolidados los tipos populares o nacionales a los que se refiere Debroise, pero sin la parafernalia esteticista del que quiere significar. Estos “tipos” no son construcciones idealizadas por el fotógrafo. En contraste con aquellas en las que “los retratados no tienen aquí voz en el asunto,” en estas fotografías son ellos los que quieren aparecer sobre el papel que les dará una imagen de quiénes son. No son para distribución o apreciación de terceros, son para ellos, sus familiares y amigos. No quiero decir que no haya idealización dentro de las imágenes, sino que es una que la da el sujeto como tal y no como objeto. 








Con esto vemos que la perpetuación idealizada de los tipos es una mirada tanto ajena como propia. Si existen y se viven o vivieron en su estado puro, pero también en el idealizado. En la historia de los tipos que nos cuenta Debrois, se nos presentan a manera de lotería las funciones y sus atributos de distintos tipos de mexicanos: la vendedora de flores, el tlachiquero, los remeros, el músico… En las fotos de esta recopilación, son “las tamaleras” y “los galleros” los que se muestran a sí mismos, para sí mismos, en su cotidianeidad. Se saben retratados, posan, pero sin fingir, viven su momento y son co-creadores de la imagen. Estas “instantáneas” no son imágenes folkloristas, más que vistas en la distancia.





“Los galleros”,  jóvenes y niños que hacen jugando y juegan haciendo. Saben que están siendo fotografiados y se sienten cómodos, continúan, se implican, se mueven, se distraen y coquetean con la cámara. Vemos aquí hermosas imágenes, fotografías “históricas” que escapan a uno u otro encasillamiento académico. Pero lo que también vemos es el actuar del sujeto, no como actuación, sino como vivencia, como experiencia, como juego, como complicidad, como experimento, como orgullo, como identidad real.





Regresando al tema de la identidad y los tipos, Debroise resalta su función etnológica independientemente de la visión particular de cada fotógrafo mencionado en Fuga mexicana. En estas fotografías la etnología que se hace es a través el tiempo no de la mirada; es por medio de esta exposición, no de las fotografías en sí. Situando el marco de referencia, esta (re)colección de imágenes, que se muestra en Casa Escorza, espacio para laimagen, Universidad de Guadalajara, nace de un concurso organizado por CUNnorte, el cual reunió 701 imágenes de 78 familias participantes. La convocatoria y recopilación fue difundida por estudiantes de cada pueblo, que fueron puerta por puerta, avisando, alentando y recogiendo las fotografías. Pero tanto los estudiantes como los organizadores recogieron algo más que las antiguas imágenes, recogieron las historias de quiénes las hicieron, retratistas y retratados, recogieron los recuerdos que fueron sacados del baúl de la memoria y que han dado vida nueva en cada una de esas familias a su historia y su significado identitario, personal y colectivo. Si bien los organizadores y los espectadores vemos una muestra fotográfica que se presta al estudio etnográfico o histórico de una región “que tiene poca historia”, los familiares han podido revivir su larga historia, aquella que quizá se había olvidado o minimizado en el correr del tiempo de la cotidianeidad, aquella, que como en la fotografía guardada “en el baúl de los recuerdos”, sus bordes sen han ido rompiendo y cuyas impresiones se van desdibujando, pero que son parte de la identidad del que las posee.


 
Artículo sobre la exposición e historia sobre esta última imagen.





 


No hay comentarios:

Publicar un comentario