De género(s): Imogen Cunningham


En el documental nominado por la Academia, Portrait of Imogen Cunningham, de su nieta Meg Partridge, la fotógrafa relata de propia voz, como fue calificada de inmoral por un periódico renombrado, por ser la primera mujer que fotografiaba un hombre desnudo. En las imágenes que acompañan el relato, vemos las fotografías de una figura casi andrógina que se pasea en un estanque rodeado de bosques y montañas. Su género masculino no resalta como el objetivo de la fotografía, sino la belleza de una escena bucólica. El hombre en cuestión, su marido; la fecha, 1915.

On Mount Rainier 1, 1915.

Este incidente, aparentemente anecdótico, nos orienta respecto a los cánones morales a los que una mujer artista o, por lo menos, fotógrafa se veía sujeta en esa época. Pero también nos presenta el carácter experimental y transgresor de Imogen Cunningham. A estas alturas no se puede hacer una lectura radical de su obra, no se puede encasillar en lecturas de género, no se puede hablar de una obra contestataria, sin embargo este suceso sirve para situar a Cunningham como una mujer dispuesta a fotografiar la belleza aun cuando ésta estuviera fuera de lo establecido.

Imogen Cunningham (1883-1976) es una de las fotógrafas estadounidenses de mayor relevancia en el periodo en el que le tocó vivir. Nacida en Portland, Oregon, su padre la alienta a una formación artística, pagándole cursos de verano anualmente. Entra a la Universidad y estudia Química, cuyas aplicaciones integra en su quehacer fotográfico. Su desempeño académico le gana una beca para estudiar en Dresden. Dentro de sus influencias están el pictorialismo de Gertrude Käsebier y la fotografía directa de Alfred Stieglitz. Su obra empieza a decantarse por lo que se conoce como “nueva objetividad” y llega a formar parte del grupo Californiano F/64, junto con Paul Strand, Ansel Adams y Edward Weston, entre otros. 

Self-portrait with Camera, 1912.

La exposición Imogen Cunningham, que actualmente se celebra en la Fundción Mapfre en Madrid, muestra 70 años de la dilatada carrera de esta artista. Lo más sorprendente es la versatilidad temática de su trabajo. Su compromiso con la belleza que, por medio de la sencillez, hace que su fotografía sea nítida y directa. A pesar de haber iniciado como retratista, incluso al regresar de Alemania puso un estudio con tal fin, a lo largo de su carrera explora los más diversos géneros. Se trate de retratos, paisajes, bodegones o acercamientos vegetales, desnudos o hasta el cuerpo en movimiento, Cunningham parece captar el aura del sujeto y darle una nueva corporeidad casi escultural sobre el papel.

El Imogen Cunnighma Trust guarda el archivo fotográfico de la artista. Revisarlo es un deleite visual en cuanto a la variedad de temas que esta mujer abordó.

Esencia: Retrato y autorretrato

Ya fueran sus hijos, sus amigos, sus clientes, famosos pintores, políticos, poetas, bailarines o ella misma, Cunningham hace del retrato un ejercicio íntimo a la vez que monumental. Por un lado se ve la relajación del sujeto ante la cámara, lo que permite que su esencia salga a la superficie y se convierta en la estructura sólida de la imagen del individuo


Edward and Margrethe 2, 1922.

La esencia de la persona se convierte en la estructura formal de la composición, impregnando las imágenes de una solidez, como la que se puede observar en el famoso retrato de Frida Kahlo o de Cary Grant. 

Frida Kahlo, 1931.

Cary Grant, Actor,  1932.

No sólo logra captar la belleza sino también cómo ésta cambia con el paso del tiempo, aunque sea un instante posterior. Esto se comprende al observar las fotografías dobles en las que por medio de exposiciones lentas y largas o de la superposición de negativos, da simultaneidad estética al paso del tiempo.

A Man Ray Version of Man Ray, 1960.

Gertrude Stein, San Francisco 2, 1935.

Martha Graham 2, 1931.

El tiempo y la belleza están juntos hasta el final. Para Cunningham, mientras hubiera vida había belleza. Así, en la tercera edad “vino a ser un símbolo vivo de juventud en la vejez,” pues a esa edad fotografió After Ninety, una monografía editada póstumamente, en la que se acerca a sus congéneres coetáneos.

Age and Its Symbols, 1958.

The Three Ages of Woman, 1972.

Paisaje: micro y macro

La luz natural es un elemento esencial en la fotografía de Cunningham y en su mayoría prefiere trabajar en el exterior. Durante un tiempo de su vida, su dedicación doméstica a tres hijos y marido, la mantienen largos periodos en casa y sobre todo en su jardín. Ahí logra unos micro paisajes vegetales espléndidamente estéticos. 

Aloe, 1925.

Nuevamente, le da monumentalidad al sujeto, haciendo que las plantas y flores cobren una dimensión y una rotundidad estructural que se podrían comparar con los macro paisajes, naturales o urbanos. En este sentido, su visión se puede calificar de moderna, incluso rozando el surrealismo, pues es la mezcla de detalles y estructuras con las que logra composiciones poéticas a la vez que contundentes.

Agave Design 1, 1920s.

Fageol ventilators.1943

Otra cualidad de sus paisajes es su carácter humano, ya sea por la yuxtaposición de elementos vegetales, arquitectónicos y anatómicos, ya sea por la antropomorfización de ellos.


Hand and Leaf of Voodoo Lily, 1972.

José Limón.1939.



Cemetery in France, 1961.
Cuerpo Humano: Desnudez y movimiento

Como ya se vio al principio, la belleza del cuerpo humano estaba presente en su imaginería desde sus inicios. La anatomía estructural y funcional, desde sus formas esculturales hasta su expresión en movimiento.

Se ve cómo el cuerpo puede ser abstraído y cómo la composición entre desnudo y sombra crea una nueva forma, que es percibida como un todo. Las nuevas formas son impregnadas de belleza ambigua en la que el cuerpo se convierte en abstracción y figuración simultánea.

Her and Her Shadow 2, 1931.

El ritmo, parte del movimiento, es captado por Cunningham en esta obra en la que vuelve a jugar con los sentidos, entrelazando la realidad con la ficción. Es un ritmo visual que entreteje una serie de brazos plásticos con uno humano, en una danza automatizada y surrealista.

Another Arm, 1973.

Por último, el cuerpo en movimiento. Todo este trabajo que está guiado, desde mi punto de vista por la unión máxima entre esencia y estructura, en un momento desemboca en las funciones del cuerpo por medio del movimiento. Así, Imogen Cunningham nos muestra la belleza de unas manos que leen y unos cuerpos que vuelan.

Braille, 1933.

Three Dancers, Mills College, 1929.
 
Como decía en la introducción, en mi opinión, no se puede hacer una lectura de género de la obra de Cunningham. No obstante, es asombroso ver cómo esta mujer en los “inicios” de la fotografía, se apasiona por todo lo que ve, y crea un variedad de imágenes guiada siempre por los mismos principios, técnica fotográfica, belleza, esencia y estructura, aventurándose a explorar exitosamente todos los géneros fotográficos.

Para indagar más en la variedad de géneros, sin clasificar, de la fotografía de Imogen Cunnningham, recomiendo visitar Photo Liasion, página Web también mantenida por su nieta Meg Partridge.

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