El niño y el buitre: el destino trágico de Kevin Carter




La indiferencia de la sociedad.  El capitalismo como elemento constructor de hambrunas y muertes por guerras e inanición.  La pobreza.  La horrible pobreza.  La falta de dinero con distintas consecuencias… y luego la muerte como remoto resultado.  Estas son todas no sólo piezas que conforman la alegórica fotografía de la terrible situación que se vivía en Sudán a principios de la década de los noventas, sino también de la propia vida del fotógrafo que presentó esa realidad al mundo.

Todos conocemos la historia de Kevin Carter, el fotógrafo sudafricano que se hizo famoso tras ganar el Pulitzer, en 1994, luego de la publicación que hiciera el New York Times de la emblemática foto del niño famélico y el buitre expectante.  Kevin Carter se suicidó algo así como diez años después de este acontecimiento que marcaría su vida de forma contundente.

La teoría más difundida para justificar la muerte por intoxicación con monóxido de carbono del fotógrafo se basa en su nota de suicidio y en los acontecimientos más conocidos de su vida.  Tras la publicación de la escandalosa fotografía, Carter no dejó de ser atacado por los medios.  ¿Cómo había podido fotografiar esa escena, cuyo fin sería muy posiblemente el que se vaticinaba?  Carter tomó la foto y luego se fue, indiferente a la vida o muerte del infante
La realidad es parecida, aunque con aristas y bemoles.  La nota de Carter refleja una situación de profundo desespero: la pobreza (la suya propia y la del mundo en el que vivía), la impotencia ante la crueldad del mundo, los horrores de la guerra, la muerte de su amigo Ken Oosterbroek, y la culpa.  Acá lo peor: los recuerdos trágicos de sus vivencias como fotógrafo de guerra, y la culpa que lo corroía por no haber ayudado a un niño que sufría, y que como él veía en ese momento, quizás estaba en el umbral de una desenlace espantoso.

El niño sudanés, hoy se sabe, murió de fiebre… algunos años después del suicidio de Carter.  Kevin Carter, parece, nunca lo supo.

Diego de Ybarra (8 de octubre de 2012)

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