Evgen Bavcar, fotógrafo ciego


Su ceguera llegó antes que la fotografía. Luego de dos percances sucesivos –la pérdida del ojo izquierdo, culpa de la rama de un árbol; la pérdida del otro debido a la explosión de una mina abandonada– Bavcar perdió completamente la visión. Tenía once años y su despedida de la luz fue gradual. Evgen comenta: Jamás me asomé a una lente mientras veía. Tomé mis primeras fotos ya ciego.


Por el carácter de sus estudios, Bavcar fue el primero en teorizar sobre su ocupación a primera vista paradójica y sobre los desafíos que proponen sus fotos a los modelos establecidos de percepción. “Mi mirada existe gracias al simulacro de la foto que ha sido vista por el otro. La ausencia del ojo del fotógrafo acentúa la precariedad de ese instante irreversible que es la toma fotográfica. Las personas retratadas no pueden mostrarse de la forma habitual porque falta esa complicidad con el fotógrafo que les confirma su narcisismo”. Hasta los treinta, Bavcar sólo fue un amateur. Invitaba a cenar a sus amigos, les tomaba una instantánea y se la obsequiab. Por esos años puso un aviso en la revista Paris-Match (“Fotógrafo ciego busca modelos”) y no recibió ni una llamada. “He aprendido mucho acerca del mundo visible gracias a la fotografía. Por ejemplo, de las mujeres. Necesitan ser miradas y conozco bien la incomodidad que sienten ante alguien que no puede verlas”.




Nadie sospecharía, ante las fotos de Bavcar, que su autor es ciego: los encuadres son perfectos, aun los más arriesgados. Bavcar comenta que encuadra bien porque así lo quiere el público, que si por él fuera no encuadraría con tanto esmero. También están las técnicas. Muchas de sus fotografías son fruto de montajes por superposición, procedimiento de por sí dificultoso, hasta para un vidente. 


 
Bacvar decía: “Lo importante es la necesidad de las imágenes, no cómo son producidas. Cuando imaginamos cosas, existimos: no pertenezco a este mundo si no puedo decir que lo imagino a mi manera. La imagen no es por fuerza algo visual: cuando un ciego dice que imagina, significa que él también tiene una representación interna de realidades externas”. La relación de Bavcar con la ceguera no siempre fue la misma. Al principio la tomaba “demasiado en serio”: sus gafas eran enormes y muy oscuras. Después jugó a hacer de cuenta que veía. 
Evgen Bavcar no ve porque es ciego pero mira porque es fotógrafo. 



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