Un Día Compré una Obra de Arte y una Alfombra


Un Día Compré una Obra de Arte… y una Alfombra

En la serie Lost, Jeffrey Jacob Abrams (por lo menos en la primer temporada), cuenta la historia de unos vatos (que quién sabe quiénes son), están en una isla (quién sabe dónde) y los persigue quién sabe qué. Eso es lo que recordé al pensar el inicio de este escrito. Terry Pratchett (escritor inglés de fantasía), comenta en un libro (quién sabe cuál), una cita (quién sabe dónde), que dice algo así como que unos bárbaros cuando regresan a casa (de no sé qué lugar), se sienten “más pobres y más poseedores de una alfombra”. Un día compré una obra de arte… y una alfombra (pero la alfombra fue primero, por eso recuerdo tan bien la frase). Como en el libro, cuando regresé, me sentí más poseedor de una alfombra que de una obra[1] (y eso, ya es mucho decir); creo que habría sido igual de no haberla comprado. En un lugar medianamente lejano, me la enjaretaron al principio de un viaje (…la alfombra), resulta, que dicha pertenencia es un orgullo y se encuentra en mi estancia (ahora está doblada por que se ha ensuciado con el paso de los años y no quiero que se deteriore más; traerla, me costó aproximadamente 15 kilos x 10 días).


No hablaré más de cómo conseguí la alfombra, esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión (en realidad es más divertida que la de la obra). En ese “reino medianamente lejano”, un día, entré a una galería y había una expo, de fotos para ser exactos, de un cuate que se llama Steve (de apellido algo así como McCurry, de Filadelfia me parece). Allí compré una foto (la llamada “obra de arte”). Le digo así porque la adquirí en este “espacio de validación” que es la galería (ya ni me acuerdo en cual, aclaro, ahora lo sé: no todo lo que está en esos lugares, ni es bueno, ni es arte). En realidad, no sé cuanto pudo haber costado, lo único que recuerdo es que la regateé hasta que me miraron feo, y eso, por aquellos lares es ya difícil. Para que me saliera más baratas harbanos, argüía (en mi inglés de peiper) que ya estaba arrugada, tenía marcas (sí es una impresión fotográfica, atrás dice Fuji) y era la última copia de esa imagen; precisamente ese era mi principal argumento: no se les había vendido por que no había más y el papel estaba maltratado, nadie les iba a dar lo que yo ofrecía y no la iban a despachar, además, les decía, que estaba cara y no era la que me había gustado (¡esa estaba agotada… Fu!). Y funcionó, la liquidaron por un precio que no me hizo sentir estafado (baratas an verdad harbanos); siendo sinceros, por allá, uno es proclive a esa rara sensación de no saber si lo que paga por las cosas es lo que cuestan, es decir, comienzas a sospechar cuando de a primeras “pa´que te lo lleves” te hacen una rebajita del 40%, así, sin más. En efecto, todo ese viaje parece muy nebuloso con tanta incógnita  y, en verdad lo fue (y segurito que ya me falla la memoria por tanto Martini); en fin, lugar misterioso...

Como en Lost, ni me enteré de quién era la toma (para quienes pensaron si era de McCurry, pues les he de decir que no, la foto era de otro “amigo” que exponía en las salas contiguas a las del estadounidense), ni supe nunca de cuantas reproducciones era el tiraje, ni tiene certificado (la alfombra lo tiene), pero como era igual a una de las montadas en una sala pues tenía para mí cierto grado de aprecio como “arte”; sólo por el hecho de estar allí en el gift shop y ser reproducción exacta de la exhibida. Ya “valía” algo, y era en cierto modo, accesible: ese fue el principal motivo que me llevó a pretenderla conscientemente (   no como la alfombra que nunca supe cual fue su precio real, ni me enteré cuando me la vendieron, de repente era mía y ya  :/   ).

En este punto, he de aclarar que todo lo que cavilé en aquel momento (hace ya varios veranos), ¡era intuitivo! No estaba metido en estudios de nada, ni mucho menos, sólo tenía cierto conocimiento de esas cosas del diseño, nada más. Toda vez, que ni reflexioné lo que ahora digo, simplemente se me hizo bonito detalle, tener una pieza que era igualita a una que estuvo colgada en una expo, en ese acto, hay cierta imaginería sobre La Foto que aquella vez (repito, intuitivamente) sospechaba. Creo que lo pensé vagamente (y lo sigo pensando) a la manera que describiré en los próximos renglones.


¡Era una foto!, hasta donde llega mi conocimiento (o mi ignorancia) la manera de hacer reproducciones (por lo menos hasta la primer década del siglo XXI) era a partir del negativo, ¡el mismo negativo que se usó para realizar la copia que estaba en la sala!, por lo cual, ¡me llevaba la obra misma, una cosa idéntica! Eso fue lo esencial que me impulsó a regatearla con tanto esmero. Como era de esperarse, no me importó que estuviera “un poquito” maltratada (y obvio que lo hice porque después de la alfombra ya no tenía presupuesto… pensándolo bien, antes de ella tampoco, pero ya expliqué que ni me di cuenta cuando la adquirí). Vi la oportunidad de comprar algo original que estaba en una galería, eso importa, es la razón por la cual digo le “mi obra de arte”[2]. En otros términos, no habría tenido el mismo valor si fuera una simple impresión offset sobre couché; los encargados de la galería me explicaron el proceso de reproducción de esas fotos, me hablaron de máquinas, del papel que se usó, etc., tengo la noción de que fueron fotos de formato medio; todo lo que decían sonaba lógico (tengo un mínimo grado de conocimiento fotográfico, por lo que les creí; pude no haberlo hecho, pero los comentarios eran sensatos[3]) y la negativa de rebajar la foto me hacía pensar que me llevaba en verdad una “obra”. Ahora sé que lo es, refleja la mirada subjetiva de alguien (nunca supe quien era, pero no importa). Me gusta la foto (que me costó media hora de convencer a los galeristas…; más bien creo que eran los encargados de la tiendita de regalos, pero tampoco importa, al final los convencí válidamente y me salí con la mía J). El tubo donde empaquetaron la foto tiene una etiqueta, dice: “Cem Boyner” siempre pensé que era el laboratorio fotográfico donde se reveló el trabajo pero en realidad… ¡Mira!, acabo de encontrar la cita de Pratchett, viene en un libro que se llama Imágenes en Acción (1990), dice lo siguiente: “La popular publicación del Gremio de Comerciantes, Bienbenido a Ankh-Morpork, La Ciudad de las Mil Sorpresas, cuenta con toda una sección titulada ¿Así que eres un invasor bárbaro?, con abundantes notas sobre la vida nocturna, las compras típicas que se pueden hacer en el bazar y, bajo el epígrafe «Ir de Copas», una lista de los restaurantes donde se sirve buena leche de yegua y budín de yak. Más de un vándalo de casco puntiagudo ha regresado a caballo a su gélida yurta, preguntándose por qué se siente mucho más pobre y mucho más propietario de una alfombra mal trenzada, un litro de vino imbebible y un burrito de peluche color púrpura con un sombrero de paja”[4]. Esa es la breve descripción de una de las ciudades creada por Pratchett en sus interminables fantasías. Lo que es real de ir a ese lugar “medianamente lejano” (me refiero al lugar real, en el cual, seguramente el escritor pensó cuando creó Ankh-Morpork), es que en su Bazar enorme te pueden dar “gato por liebre” o venderte cualquier cosa que no necesitas (sobre todo si vas de paso o turisteando). Si has sido “engatuzado” para comprar algo que no querías, como mencioné, lo más importante es no sentirse estafado (al final uno paga lo que cree que valen las cosas, y que se quede ahí, mejor no investigar si estuvo “en precio”). Por último, si vas a este lugar espléndido (fuera de toda ironía, es magnífico, pero de cuidado), lo más probable es que al regresar, te sientas más pobre y más poseedor de un narguille o de una alfombra (no importa si la compraste o no), esta es la magia de este sitio, esa, y no perderse.






REFERENCIAS

FOTOS
1.       McCURRY, STEVE, NIÑA AFGANA, 1984.
2.     ESA FOTO ERA UNA DE LAS QUE ESTABAN EN LA EXPOSICIÓN Y ERA LINDA.
3.       ESTA FOTO ERA LA QUE HABRÍA COMPRADO DE NO HABERSE AGOTADO.
4.       ESTA ES LA “OBRA DE ARTE”, LA FOTOGRAFÍA.

Israel Romero Escobedo



[1] Esto no es más que un “decir”. En realidad ambas (alfombra y obra) tienen un valor especial, no sabría decidir cuál es más valiosa, las dos son igual de importantes por los significados para quien redacta.
[2] No en el sentido de “my presious”, como podría pensarse. En realidad, esa es la primera obra que adquirí, y la única hasta el momento.
[3] Ahora que lo pienso, igual me tranzaron y yo ni me enteré, quizá es una simple impresión digital y el papel atrás sólo dice Fuji. Mi conocimiento sobre el tema no llega a tanto, no podría distinguir de una digital o una química; ni conozco de papeles para foto. Bien lo digo, si ya lo pagaste, ni averigües la originalidad de lo que te vendieron.
[4] Pratchett, Terry, Imágenes en Acción, Random House Mondadori, S.A. de C.V., 2004, México, p. 15.

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