El morbo de Strömholm



Ya había demostrado su entusiasmo por aquello grotesco, por aquello chocante, por aquello perturbador, cuando en la década de los años cincuenta  se internó en los bares de quinta de la zona e Pigalle, en París, y luego de establecer relación con diversos transexuales, se dedicó a fotografiarlos.  Todo esto ocurre en 1954, en los alrededores de la Place Blanche de Paris.   Son quizás estos los trabajos de Christer Strömholm que mejor conocemos.

Ese en el año de sesenta y tres – casi una década después – cuando viaja al Japón, a la India y a los Estados Unidos.  En el Japón transita entre diversas ciudades, en las que los deformes originados por la maldad de la guerra (tras los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki) capturan su atención. 

En el Japón fotografía niños ciegos, deformes y enfermos.  La oscuridad le atrae.  El dolor humano, también.



Strömholm es un fotógrafo de lo marginal.  Un hombre marcado por el suicidio de su padre a una edad en la que él adolecía de cambios fisiológicos no podía sino sentirse atormentado. 

Quizá la fuerza de estos retratos, verdaderas huellas de la angustia y el sufrimiento ajenos, son al final registros del propio adolecer del artista.


Diego de Ybarra Corcuera, diciembre de 2012.

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