Niña Ocultando Rostro


Niña Ocultando Rostro

En algún lado, alguien comentó que los fotógrafos recurrían sobre su trabajo cuando se hacían viejitos… o esa era la idea general según la pesqué. Puede ser, no soy fotógrafo. Steve McCurry utilizó el último rollo de Kodachrome. Como era de esperarse muchas fotos tendrán su momento, otras, posíblemente no; es normal… ¿o será que el gigante se está haciendo viejito?... Como quiera que sea, el fotógrafo es uno de los grandes, en veces, su trabajo es como poesía pura que habla de la humanidad y su acontecimiento en el devenir de la vida: la historia (como microafirmación del universo) y su contexto. Verdaderos Momentos. McCurry, inmortalizó una imagen que se encuentra en el éter del imaginario colectivo (en ciertas zonas del mundo de la cultura claro está; la misma niña de la foto, ahora mujer, no conocía su imagen plasmada, al menos eso es lo que se dice) [1]. No hablaré más de esa imagen que han comparado con el misticismo de La Gioconda. Lo haré de otra que se me presenta más acertada en la comparación a pesar de tener el rostro velado: especularé un rato sobre la imagen “gemela” de la Niña Afgana.

La imagen es de la misma chica (imagino que fue capturada momentos después) y la encuentro más problemática en su lectura y posiblemente ayude a decodificar la otra (al hablar de foto, también se habla de secuencia). En efecto es una niña (que ha pasado tragedias por el momento histórico que le ha tocado vivir, pero es una niña) y como tal intuyo que tendrá los códigos de comportamiento de los niños (deberíamos preguntarle a un psicólogo infantil si los niños de China o de Rumania tienen tendencias de comportamientos similares). Si vio que alguien la retrataba, en un momento de abstracción, se escondió, simplemente se apenó y se tapó la cara, como lo haría cualquiera al descubrirse visto por una cámara. Pero al esconderse bajo su “velo”, en la sola mirada que proyecta, no podemos estar seguros si está pensando en su situación de vida o si está enojada por ser captada en un momento íntimo como en de “ver al vacío” esperando a que algo pase (como se diría en mi pueblo: “está pensando en la inmortalidad del cangrejo”) o si esboza una sonrisa debajo del manto rojo porque se “chiveó” (como dijeran en el pueblo vecino). En este sentido, la imagen es sincera, por demás ambigua. Ambas fotos se complementan y nos dicen algo del momento, quizá, algo más allá que nunca descubriremos: una reacción al descubrirse vista y darse cuenta de lo penoso que eso es (sobre todo si se trata de una sociedad como aquella, donde retratar una mujer tiene muchas implicaciones sociales); pues cuando nos cachan pensando en la nada, sabemos que no es nuestro mejor ángulo. Imagino que será una sensación parecida a la que sucede cuando nos miran balbuceando cosas sin sentido (creo que a todos no ha pasado), sin que esto implique que veamos lo que queremos adherir a los contextos que creemos saber sobre el origen de las imágenes (recuerdo: sólo especulo). Un poco como lo que hacía el surrealismo en función de la ley de correlación[2], en nuestro caso: asociación de imágenes e historia. Es verdad que es una foto enigmática (la que presumo segunda), la mirada es de verdadera esfinge[3], parece inocente además, con la empatía que tienen los niños (algunos); esta foto nos habla de la otra, nos dice cosas, pero también habla de sí misma y su momento, a saber (quizá forzando conceptos) nos platica de lo que seguimos depositando en la imagen (y quizá lo hagamos toda la vida), nos platica de cómo la imagen de la foto es aún mística (como arte de verdadera pureza, claro, desfasado en su técnica original renacentista) que se convierte en símbolo (quizá generacional) de momentos históricos aún sin saber sus procedencias; ya lo “pinta” muy bien Jean-Luc Nancy en La Mirada del Retrato: “no es por azar que la identidad de Mona Lisa, arquetipo del retrato, permanece incierta hasta en su sexo y tanto como en el sentido o la inflexión de su sonrisa (o bien es precisamente esta incertidumbre la que le otorgó su lugar legendario)”[4]. Nunca sabremos cómo vio Leonardo a su modelo, ni lo que quiso plasmar con tanto misterio; así como no sabremos lo que en verdad pensó McCurry al fotografiar la escena; ahora la sonrisa, se convierte en mirada, y la mirada en rostro velado (igual de problemáticos en su lectura). La niña se convierte en especie de emblema como Mona Lisa “posmoderna”. Y eso ¿qué?, ¿nos dice algo? La verdadera problematización está en ver nuestros contenidos artísticos y culturales-sociales a partir de la reflexión de la Historia. En alguna clase nos preguntábamos: “¿Qué esperamos ver en las obras [de arte] pasadas? ¿Qué esperábamos que sucediera cuando viéramos La Mona Lisa?”. Claro, si esperamos algo, ¿qué nos pueden ofrecer esas obras sobre mediatizadas y ampliamente reproducidas?, a saber, ¿sigue habiendo algo en ellas, o acaso es que las cosas están con nosotros cuando nos damos el tiempo para verlas?




Nota: El primer link habla sobre la primer imagen.


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[1] En este momento sólo cuestionaré un punto sobre la idea de veneración hacia las imágenes “que reflejan realidades”: ¿es verdad que la imagen de la Niña Afgana, retratada por McCurry en el ´84 refleja lo que el colectivo dice que tiene?
[2] Ley de la Correlación: Si A está junto a B, es porque A y B mantienen una relación causal; A es causa principal de B, o bien a la inversa, B es causa principal de A.
[3] Michael Ende ya lo plantea bellamente en La Historia Interminable: “Una esfinge no ve nada… En cambio, sus ojos transmiten algo. ¿Y que transmiten sus ojos? Todos los enigmas del mundo. Por eso las dos esfinges se miran mutuamente. Porque la mirada de una esfinge sólo puede soportarla otra esfinge”; por eso, quien se interpone entre ellas, “Se queda petrificado en el sitio y no puede moverse hasta haber resuelto todos los enigmas del mundo”, Michael Ende, La Historia Interminable, Alfaguara, Editorial Santillana S.A., Colombia, 1992, p. 93.
[4] Nancy, Jean-Luc, La mirada del Retrato, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 2006, p. 40.

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