CUERPO Y TRANSGRESIÓN

Cindy Sherman y la visión fotográfica
de la mutación humana
JESÚS ADRIÁN ESCUDERO



Universidad Autónoma de Barcelona


¿Qué imagen se proyecta en el arte contemporáneo de la corporalidad?¿Qué concepción se tiene de la naturaleza humana? ¿A qué tipo de transformaciones se está sometiendo el cuerpo humano? Dicho de otro modo, ¿cuáles son las coordenadas que, hoy en día, fijan los diferentes procesos de construcción de las identidades de género y transgénero? Sin duda, un tema complejo que ha sido abordado desde las más diversas corrientes de la mal llamada postmodernidad. Una etiqueta de mercado que bajo un mismo rótulo reúne un conglomerado no siempre congruente de múltiples posiciones teóricas que encontramos en las prácticas artísticas y más generalmente, en la crítica cultural y en la filosofía, desde la crítica literaria y la teoría estética, pasando por el posestructuralismo francés y las diferentes corrientes feministas hasta los movimientos queer y el mundo cyberpunk de la Nueva Carne; se insiste una y otra vez en la misma idea: disolución del sujeto, la fragmentación de las identidades, la contingencia de roles sociales y, en términos más apocalípticos, la mutación del ser humano. Distintas formas de expresar un mismo fenómeno que se halla en estricta correlación con la muerte de Dios (Nietszche), la muerte del autor (Barthes), la muerte del hombre (Foucault), la muerte de la historia (Fukuyama), la muerte de las grandes narrativas (Lyotard), la muerte de la metafísica (Derrida) o la muerte del arte(Danto).
 
Los trabajos de mujeres artistas como Barbara Kruger, Sherrie Levine, Jenny Holzer, Annette Messager, Guerilla Girls O Cindy Sherman, retratan muy bien la fragilidad de lo que los anglosajones llaman the self, realizan un crudo diagnóstico de la creciente descomposición del tejido social y practican una constante hermenéutica de la sospecha. En definitiva, rebasan los limites socialmente establecidos sobre el sexo y el género, invalidan el imperativo heterosexual de la sociedad patriarcal y cuestionan abiertamente los simulacros mediáticos, las estrategias publicitarias o el discurso falocéntrico. En este sentido, las series fotográficas de Cindy Sherman de la segunda mitad de los ochenta y principios de los noventa, en concreto, Disastres (1986-1989) y Sex (1992), ilustran de una manera tremendamente gráfica la metamorfosis humana y social que se está produciendo en la sociedad del consumo que reduce toda la realidad a un juego de apariencias, de ficciones, de artificios (Bautrillard, 1993 y Jameson, 1998). Es más, no hay realidad última ni existe fundamento ontológico detrás de las apariencias, de los juegos del lenguaje, de los conglomerados de poder. El arte al igual que el vídeo, el ordenador, la televisión, el cine o la publicidad– se convierte así en un generador de mundos simulados y ficticios. En este contexto, el cuerpo femenino se virtualiza a través de la publicidad, se evapora ante el ritmo fugaz de las modas, se digitaliza por medio del ordenador, se recompone con ayuda de la fotografía o se desublima en una performance. El arte de transvanguardia abandera un estilo ecléctico, decorativo, lúdico y heterogéneo que está determinado por la lógica del vacío, de la moda y de la mercadotecnia (Lipovetsky, 1996).
 
 
Siguiendo el patrón de los ready-mades de Duchamp, las apariciones de Rothko o las repeticiones modificadas de Warhol, encontramos una serie de propuestas artísticas que se alzan contra el mito moderno de la originalidad y de la inspiración aurática. Sherman y las artistas citadas anteriormente ensalzan el valor anónimo de toda imagen y abrazan como modelo de realidad la simulación, la ficción, la ironía, la mascarada, la apariencia o la hiperrealidad. En una palabra, el sujeto soberano de la modernidad se ha fragmentado, se ha disuelto en un archipiélago de infinitas yoes, ha perdido su papel de plataforma sólida de todo saber para acabar convirtiéndose en una variable más del discurso. El resultado final es que se distorsionan los límites entre el cuerpo real y el cuerpo virtual, se diluyen las diferencias entre el mundo representado, se desvanecen cada vez más las fronteras que separan la realidad de la ficción. Nos hallamos, pues, ante un panorama que confirma la llegada del cyborg y apuesta por la performatividad del cuerpo humano.
 Cindy Sherman. Series Disasters
 
Cindy Sherman. Series Sex
 
 
 
 
 


No hay comentarios:

Publicar un comentario