El rostro siniestro del hombre, Tomasso Ausili



Actualmente vivimos en un mundo en donde la cosificación es algo común y que aparentemente vemos como normal pero que nos molestamos cuando nos es revelado, este fenómeno está ligado a la forma capitalista del mercado, lo que nos ha llevado a convertirnos en una sociedad más violenta y terrible para los demás y para nosotros mismos aunque prefiramos no mirar. Como humanidad y como sujetos tenemos dos caras, aunque una siempre oculta, Freud decía que “un individuo siniestro es el portador de maleficios y presagios funestos (…) puede tener el carácter de un doble”, es decir, es otro yo, el lado oculto y oscuro, lo inhumano, ese lado es todo lo terrible que podemos llegar a ser y eso es lo que nos revela Tomasso Ausili.
“The hidden death” es una serie compuesta por 15 fotografías tomadas por Tomasso Ausili en los mataderos Umbria, Italia, fue ganadora del tercer lugar en la categoría “Contemporary issues” del concurso anual de fotografía periodística World Press Photo 2010. Su autor Tommaso Ausili explica: “La carne, perfectamente envasada en los supermercados, a menudo separa de la mente de los consumidores su proceso de producción”. Cuando se trata de carne, continúa el fotógrafo, la gente prefiere no ver, prefiere rechazar la idea de la matanza, aunque sepa perfectamente que entre un animal vivo y cualquier pedazo de carne, envasado tras un mostrador de vidrio, está el matadero. Esta especie de “línea de desmontaje” (descuartizamiento de seres vivos) está escondida tras edificios anónimos rodeados por altos muros, por lo general fuera del centro de las ciudades y sorprendentemente silenciosos en el exterior. Bataille propone el término de “arquitectura terrorífica” que es “una arquitectura que surge de la petrificación de los terrores y desvelos de la infancia”, es decir, de lo siniestro, de lo oculto en la “infancia colectiva” del hombre que se transfigura en materia, “una ‘arquitectura terrorífica’, más terrorífica aún, dice Bataille, que las propias iglesias”. Uno de esos tipos de “arquitectura terrorífica” son los mataderos, “lugares malditos en una sociedad que no quiere ver correr la sangre”. Menciona Leyte "llegamos a la conclusión de que es la propia realidad, cuando se pinta, cuando se mira, cuando se vive en ella, la que es terrorífica”.
Dentro de este “corredor de la muerte” los animales parecen ser conscientes de su destino. El olor de la muerte está en el aire, el miedo se esparce entre los animales esperando su turno. El subsecuente alarido de terror y el estrépito desesperado de los cascos son un signo indistinguible de que ninguna criatura sale con vida. Es la muerte oculta, censurada, que no debe develarse. En estas fotografías la crueldad se transforma en denuncia, pero, citando a Leyte, “el sufrimiento ha comenzado para no terminar”.

La obra Tomasso Ausili es lo siniestro transfigurado, Schelling decía: “lo siniestro es aquello que, debiendo permanecer oculto, se ha develado”, el fotógrafo se ha dado a la tarea de quitar ese velo de lo aparente, de lo bello, que nos engaña y no nos deja ver la realidad, ese velo con el que todos vivimos. Pero, ¿qué hay detrás del velo? ¿qué hay detrás de los muros de un matadero? Allí está lo repugnante, lo que da asco, el infierno, lo oscuro, las sombras, lo insoportable, lo que pretendemos censurar y esconder en lo más recóndito de nuestro inconsciente, en lo más recóndito de lo que llamamos humanidad. Atrás del velo está la realidad, imágenes de despedazamiento y muerte.
La revelación de la muerte “oculta” no significa la destrucción del efecto estético, al sacar a la luz lo siniestro nos enfrentamos a lo sublime. Según Kant lo sublime es llevar a la estética más allá de la limitación del concepto de lo bello, por eso se nos revela en lo negativo, en algo caótico, desmesurado, informe, superior, que el espectador percibe como ilimitado sintiéndose impotente e insignificante ante tal fenómeno llevándolo a sentir angustia, miedo, parálisis. Sin embargo este proceso que parecería negativo lleva al placer, a reconocer lo pequeños que somos ante el infinito de la naturaleza. Por lo tanto lo sublime es lo que nos revela lo espiritual, para Hegel esto es la belleza, que constituirá una conexión con lo divino, pero ¿eso divino es la luz que disipa las tinieblas o son las tinieblas mismas? En este caso son las tinieblas, lo siniestro, el mal, lo que debía permanecer oculto.
Aquí el espectador que devela hace las veces de voyerista, que secretamente sacia su morbo, dice Lahuerta en  El fenómeno del éxtasis: “nos coloca claramente en la posición del mirón, de modo que entre nosotros y lo observado, lo que finalmente toma importancia, más que la proporción es la distancia”, es decir, que al ser otra la víctima y no el espectador, éste es capaz de sublimar aquella visión.
Estas imágenes fungen como denuncia de lo que somos, no pretenden ser narrativas simplemente buscan develar la esencia del hombre, Ausili nos revela terribles actos anónimos, pero son anónimos porque nos pertenecen a todos los hombres.

Bibliografía:
LAHUERTA, JUAN JOSÉ, El fenómeno del éxtasis. Ediciones Siruela, España, 2004. 178 pp.
LEYTE, ARTURO, El arte, el terror y la muerte. Abada editores, España, 2006. 96 pp.
TRIAS, EUGENIO, Lo bello y lo siniestro. Editorial Ariel, España, 2006. 185 pp.
Entrevista a Tomasso Ausili: http://www.youtube.com/watch?v=8X81xjQt84g





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