2012: éxito y desprecio de la fotografía mexicana


BLANCA GONZÁLEZ ROSAS
26 DE DICIEMBRE DE 2012 
CULTURA Y ESPECTÁCULOS


MÉXICO, D.F. (Proceso).- Además de museos gubernamentales sin público –entre semana, en la Ciudad de México, es común encontrar sin un solo visitante la Sala de Arte Público Siqueiros, el Museo de Arte Carrillo Gil, el Museo Nacional de la Estampa, el Laboratorio Arte Alameda y Ex Teresa Arte Actual–, escandalosos subsidios y creatividad artística deprimida –en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo se exhibe actualmente una pintura de Omar Rodríguez-Graham que es casi una copia textual de otra realizada en 2006 por el australiano Toba Khedoori–, el 2012 deja como saldo la ambivalencia entre la valoración y el desprecio de la fotografía mexicana contemporánea.

Sobresaliente en el ámbito creativo, el escenario fotográfico de nuestro país se caracteriza actualmente por una dinámica libertad que se desborda no sólo en la exploración temática, sino también en la construcción de texturas icónicas que transmutan las imágenes en objetos misteriosamente seductores. Marginada del circuito comercial, la fotografía mexicana despuntó este año en el mercado nacional y ferial a través de Patricia Conde Galería. Dedicada desde 2009 a la promoción exclusiva de prácticas fotográficas, este proyecto ubicado en el Distrito Federal sobresalió desde abril con su participación en la feria mexicana Zona Maco Arte Contemporáneo. Arriesgada en la selección de su establo, Conde ha conjugado una equilibrada pluralidad de estéticas fotográficas las cuales, sin perder la fascinación de la imagen, se caracterizan por la profundidad y solidez de su concepto.


Diseñado con el objetivo de divulgar el conocimiento de la diversidad de las prácticas fotográficas de nuestro país, su programa de exposiciones abarcó durante 2012 fotografía documental y construida, discursos conceptuales, paisajes urbanos y fantásticos, retratos e introspecciones personales, fotoperformance y foto-objeto, contenidos de género, naturalezas muertas y texturas visuales –o de imagen– a partir de técnicas tan antiguas como el colodión húmedo. Entre lo mejor que se ha visto en su espacio se cuentan las narrativas corpóreas y maternales de Ana Casas, los retratos intervenidos de Belinda Garen, los encuentros urbanos de Alejandro Cartagena, los raptos emocionales de Claudia Hans, las imágenes objetuales de Patricia Lagarde, el documentalismo poético de Yolanda Andrade, la fotografía dibujística de Juan José Ochoa, los paisajes fantásticos de Alexandra Germán y el tiempo evocado con imágenes estáticas y en movimiento de José Antonio Martínez.




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