De lo que vemos a lo que sentimos

DE LO QUE VEMOS A LO QUE SENTIMOS
Fotografías de Christian Dieterlen

Hace mucho tiempo, el gran Tamayo me explicó “ Yo no soy un pintor abstracto porque en mi obra, el niño parece niño y la sandía, sandía…” Expresión lógica  que da mucho para pensar. ¿Y qué es el abstracto?, para mí, es la esencia del mundo con todos los humanos incluidos. El trabajo del artista es plasmarlo, a través de sus ojos y con sus propios medios.

Hoy vemos, en las imágenes de Christian, una especie de puente, que nos lleva suavemente a transitar entre lo que se ve y lo que todo eso lleva dentro. Siempre que miramos, suponemos; porque entre lo que los ojos miran y el cerebro determina, hay trecho por recorrer. Ese puente nos evidencia que el objeto no está allí; es una sombra, un reflejo, un fragmento, una serie interrumpida, una perspectiva que se pierde, un detalle, una falla que se atrapa. Es la obviedad de la belleza del defecto, en medio de tanta perfección, de tan pulcro equilibrio en el espacio y el sonido de las cosas, que en conjunto, arman el rompecabezas del espacio arquitectónico y los lenguajes urbanos.

Cuando hablamos de pintura, ésta permite que lo visto se manipule, obedece a la voluntad del pintor, el alcance de los materiales y la benevolencia del talento; para llevarnos por los caminos que se propone por difíciles que sean. En el caso de la fotografía, no hay que “hacer” propiamente, sino hay que encontrar y para encontrar hay que llevar algo en la mente y el corazón. La profesión de Christian, es arquitecto, lo lleva por ese camino: él mira, recorre, deja marcas para reconocer el regreso, espera con calma los horarios de la luz que busca, observa las singularidades de los objetos, dispara su cámara y carga su computadora con estas imágenes, que podrían ser detalles recortados pero que en realidad son series, escalas, de cuadros de observación que lo llevan irremediablemente y tal vez, por azar, a composiciones inimaginadas pero descubiertas cuando el mejor ángulo se encontró. Es en estas series, donde él entra en el campo de la plástica.

En este caso, particularmente, Christian tiene un premio a la paciencia de recorrer con calma y mirar y mirar. Las fotos, en Tlacotalpan, no pueden fallar porque la fuerza del lugar lo rebasa todo. Tal vez sin quererlo, logró una serie que nos lleva de la mano en este viaje de mirar con atención y con placer, cómo se van desapareciendo las obviedades de las formas reconocidas para llevarnos a la emoción placentera del equilibrio, el orden y la magia del color puramente abstracto.

Amante como soy del trabajo de Mark Tothko y guardando las debidas distancias, puedo decir, que algunas composiciones de Christian, se parecen a las de Rothko; con la diametral diferencia de que el genio logró hacer que la luz emanada del cuadro sea la que ilumine la obra tanto como al observador, en una especie de juego de espejos. Y estas fotografías, son un ejercicio que acostumbra al ojo a mirar campos de color en orden puro.

Margarita Magdaleno R.
Santiago de Querétaro, febrero 2014.











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