Paparazzi


"Los paparazzis nacen a principios del siglo XX, con la explosión de la prensa ilustrada, y era hora de abordar este fenómeno desde todas las dimensiones: histórica, social, ética y estética", Clément Chéroux comisario de la exposición.

Expuestas en el Centro Pompidou, están más de 600 obras entre las que se encuentran fotografías de famosos -realizadas sin su consentimiento- de legendarios paparazzis como Ron Galella o Tizo Secchiaroli dialogando con creaciones de artistas como Paul Macarthy o Cindy Sherman los cuales se han inspirado en la estética de las imágenes robadas, estas obras hablan y explican una de las escuelas de fotografía menos respetada (fotografía de prensa), pero que ha tomado posesión del canon estético de la última mitad de siglo. 



La exposición trata de demostrar como la intrusión en la vida ajena se ha convertido en una práctica socialmente aceptada, y hasta que punto estas imágenes robadas ocupan un lugar en el paradigma artístico aunque nos empeñemos en menospreciarlas.“Desde el principio, los paparazis se convierten en el contrapunto al reportero de guerra, capaz de arriesgar su vida para transmitir lo que sucedía en el mundo” apunta Chéroux, esta idea es un poco más compleja ya que algunos de estos fotógrafos que ahora se ganan la vida fotografiando a Paris Hilton por ejemplo, antes cubrieron guerras o acontecimientos sociales importantes.


La exploración de este fenómeno mediático en el campo del arte comenzó a raíz de la película "La dolce vita" de Federico Fellini, pero antes de esto una de las primeras imágenes polémicas fue el retrato del canciller Otto Von Bismarck en su lecho de muerte que hizo más delgada la linea entre la intimidad y la exposición publica. En una primera parte de esta profesión se puede notar algo de "violencia machista" ya que la mayoría de los paparazzis son hombres mientras que la gran parte de los artistas retratados son mujeres. Los paparazzis no son artistas ya que no trabajan con la voluntad de hacer arte, pero su obra tiene una calidad estética involuntaria, y muchos artistas de la última mitad de siglo han re-interpretado estos códigos ya que están conscientes de que la foto robada simboliza su tiempo, por otro lado muchos de los paparazzis se han convertido en artistas como el caso de Rostain. Esta muestra también habla del mundo en el que vivimos, y como gracias a las redes sociales todos podemos ser paparazzis en potencia, muchas veces hasta de nosotros mismos también plantea cuestiones sobre la sociedad del espectáculo y las fronteras entre lo público y lo privado.




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