La visualización de la sonoridad. Josef Sudek

El manco de Lepanto consagró la novela e introdujó al personaje del Quijote, entre sus páginas uno recrea una historia en la Mancha. El manco de Praga consolidó su ciudad, convirtió cada rincón y elemento checo en una memoria desmembrada que uno como expectador reconstruye escenas, como el propio Josef Sudek dijo “La fotografìa es rara, no debe desvelar mucho, tiene que dar pistas. No sé cómo es en otras artes, pero en fotografía es así, que ella debe aludir y los que la miran deben imaginarse algo detrás de ella” (citado por Martínez Aniesa, 2010).
A través de objetos, luces, sombras y estructuras en las fotografías de Sudek uno tiene frente a sí el tiempo de Praga, es una documentación desde la mirada del artista por lo que responde a las inquietudes documentales propias del fotógrafo: “Para que la historia se presente se debe derribar la mera trama de superficialidades que ofrece la fotografía, ya en la obra de arte el significado del objeto se convierte en un fenómeno espacial, mientras que en la fotografía el fenómeno espacial de un objeto es su significado” (Kracauer) así el significado de los arcos al interior de una iglesia, la nostalgia de la rosa que muere frente a la ventana que llora y la silla de la nostalgia en el patio dotan de un significado melancólico a lo que vemos, pero estamos frente a un evento de semiótica visual y auditiva que se va desdoblando conforme un mira y entiende que lo que ha de hacer es escuchar a travès de la mirada. 


El evento que lo convirtió en un soldado frustrado y en un encuadernador sin oficio pues, en 1917 perdió el brazo debido al estallido de una granada lo llevó a la narración visual de sus sueños. Comenzó a estudiar fotografía y perteneció al Cículo de Aficionados a la Fotografía de Praga, pero después siguió su camino, al principio fotografió veteranos de la Primera Guerra Mundial, construyó un stock de memorias de los que habían luchado, pero después se dedicó a consagrar a su ciudad, a crearle un inventario que la recordará, se situó en un jardín “un jardicinto mágico, era de verdad un jardín mágico, donde me sentía en casa y donde estaba muy a gusto”.
El caminador de Praga andaba con su cámara de gran formato recorriendo este jardín en el que descubría no imágenes sino temas que congelaba en fotografías y las inmortalizaba frente a las miradas de todos. 
Si como dice Kracauer la fotografía es la representación del tiempo (21) entonces las imágenes de Sudek son la representación del tiempo de los objetos que consideramos al mismo tiempo atemporales e inmortales, para él cada figura inanimada cuenta una historia, pero no pensaba en términos de memorabilia, sino en los términos propios de los objetos a los que dotaba de la vida que, según él, tenían; como cuento infantil en el que cobran vida los juguetes una vez que los niños duermen, por lo tanto, sus imágenes podrían representar la visualización del sonido que emanan las narraciones de adornos, columnas, edificios, calles, etc. 
Este deseo por escuchar a las cosas, por darles diálogo a partir de la imagen estaba motivado por su pasión por la música, lo que lo inspiró a documentar la ciudad Hukvaldy de donde era su músico favorito: Leos Janácek, de forma que, en este documental dota de la musicalidad que el escucha a los rincones de un espacio. 
Su casa, aquel jardín mágico torturado por el tiempo hoy en día es una reconstrucción visual de la sonoridad que veía Sudek, la han transformado en un museo de su fotografía, han recreado la pieza musical que dejó en blanco y negro. 

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