DANIELA EDBURG Y LA PRODUCCIÓN EN SERIE


Hablar de posmodernidad es hablar, al mismo tiempo, de la forma de producción capitalista como una de las fuentes originarias de la vida posmoderna. El ser posmoderno ha sido definido por múltiples autores, Baudrillard establece que hemos perdido los referentes y por tanto la significación de las cosas por lo que estamos sometidos a la cultura de los transtransestéticatranseconomía, transexualidad, etc., esto implica que no son sólo los objetos lo que ya no significan nada sino los actos propios del humano, por lo que la estética tiene todo fin menos el estético, la transeconomía trabaja con todo menos con dinero y producción y la transexualidad no tienen nada que ver con la sexualidad. De aquí salen inquietudes como la de Bauman y Zizek,  quienes, desde diferentes perspectivas analizan qué ha sucedido con la humanidad en relación al mundo económico. 
Para Bauman somos seres líquidos, constantemente cambiantes, fluimos con las modas y las modas fluyen por nosotros, somos incapaces de la estabilidad y vivimos en un mundo de consumibles. Todo el tiempo consumimos, pero el objeto del deseo que nos lleva a consumir siempre es distinto, no hay forma de satisfacer el deseo porque el deseo permanece en nosotros y desconocemos su origen, utilidad o el porqué lo queremos. Somos bombardeados por publicidad pornográfica que nos llevan a quererlo todo y figuras como la del vagabundo nos aterra, entonces, hoy en día no trabajamos para vivir o por satisfacción, sino para generar los bienes suficientes que nos permitan seguir consumiendo. 

Zizek, por otro lado, desde el marxismo, señala cuál es el síntoma de la vida posmoderna, en la que, el capitalismo, es el gran regulador de las funciones humanas, incluso aquellas biológicas y a través de una ideología de la que no podemos escapar, nos someten en un estado permanente de violencia sistémica a acatar órdenes en donde el único beneficiario es el mercado. 
En medio de estas propuestas el arte denuncia o procura hacer despertar al espectador, enfrentarlo a su realidad sin sentenciarlo, es sólo una presentación de nuestra realidad, o hiper-realidad. Tanto el cine como la fotografía se han fortificado en el arte de la posmodernidad, se presentan como las expresiones adecuadas al sentir pos-moderno. La cualidad de reproducitibilidad de ambas, señalada por Benjamin, las hacen, en sí mismas, un arte que puede ser producido en serie, como los objetos que aspiramos tener en el capitalismo y que, esperamos nos doten de esta individualidad.  

Daniela Edburg, fotógrafa nacida en Estados Unidos y que actualmente trabaja en San Miguel de Allende, nos transporta al mundo de la estética tradicional, a manera de neopictorialismo, recrea escenas del arte clásico y nos muestra consecuencias hiperbólicas de nuestra realidad consumista. Propone en fotografías una serie de muertes resultados de la cultura pop en el que, el cadáver es presentado como diosas de la antigüedad rodeada de objetos pop: café, azúcar, galletas, gummy bears, etcétera. Edburg nos somete a identificar nuestra realidad acosada por la muerte y por productos, incluso hoy en día los funerales pueden ser adquiridos como cualquier otro objeto en un supermercado. Recrea escenas del cine clásico: El Mago de Oz o los Pájaros, recrea escenas del arte renacentista y recrea la publicidad sin un fin práctico, es decir utilizando una estética parecida a la comercial y los mismo productos que estamos acostumbrados a ver en la televisión y en las páginas de revistas nos lleva a una nueva significación, esto confirma el hecho de la pérdida de referentes en la posmodernidad, de modo que, con una simple propuesta nuestros objetos cotidianos pasan a significar algo totalmente distinto. 



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