El existencialismo de la Revolución Mexicana

Uno de los periódos más importantes para las Bellas Artes en México, fue la Revolución, ya sea para los cineastas que retrataron momentos clave, los pintores que cristalizaron los valores de la Revolución, los escritores que constantemente regresan a ella para encontrar nuevas narraciones o para los fotógrafos que encontraron el primer auge del fotoperiodismo. La violencia y la crudeza de la realidad nacional quedaron congeladas en imágenes; aparentemente las fusilaciones eran un gran evento que fotografiar. Debroise narra cómo los fotógrafos buscaban retratar estas escenas en las que caían los hombres, algunos aún con intenciones estéticas se aseguraban (por medio de influencia o mordidas) con buena iluminación y calidad de la imagen. 
El valor histórico de estas imágenes es infinito, lo que retratan es evidencia de la memoria mexicana, cómo lo retratan es evidencia de la memoria de la fotografía misma. Como explica Debroise son documentos de verificación, sin embargo su contenido ideológico se sigue puliendo, se sigue determinando la carga crítica sobre la imagen y la veracidad no de la fotografía sino del hecho: Por el contrario, la Revolución Mexicana desde sus inicios dependió en extremo de sus representaciones. Si bien aparece como una sucesión sin coordinación alguna la historia de la foto de la Revolución también resulto compleja, inaprensible y contradictoria. (Debroise, 259).



Uno de los casos cuya resignificación a sido lenta es la de Felipe Ángeles, héroe de nuestra revolución del que poco se estudia, más bien se oculta su existencia, o su devenir porque implicaría aceptar una de las injusticias más grandes durante nuestra Revolución. Retratado en diversas ocasiones como general, en el campo de batalla, vestido de gala y, finalmente, fusilado, la imagen de Felipe Ángeles es halabada en Hidalgo, lugar donde había nacido, pero su reubicación en la historia no se la debemos a grandes documentos históricos sino a la obra de teatro "Felipe Ángeles" redactada por Elena Garro. 
Aunque la obra de Garro es inconstante, sin calidad uniforme, tiene algunos libros en los que se experimenta el México callado o silenciado, el que lloró la cerradas de las iglesias, el que reconoce el malichismo por parte de criollos e indígenas, el de la muerte folklórica y el de los valores de la Revolución que se han ido diluyendo poco a poco. Aunque se le atribuye la paternidad del realismo mágico a Gabriel García Márquez, Garro escribió antes, 10 años antes para ser precisos, "Los recuerdos del porvenir" primer obra perteneciente al realismo mágico y era natural que surgiera en México considerando que nuestros orígenes democráticos provenían de una lucha bastante cercana al realismo mágico.

Su obra de teatro Felipe Ángeles tiene tal calidad histórica que uno lo puede adquirir en la Cámara de Senadores como si se tratara de un documento histórico. En éste la autora narra el sentir de Ángeles, mandado fusilar por Obregón, encerrado en su celda y cuestionando todo lo que apoyó; similar a la estructura del "Muro" de Sartre, el personaje sabe que al día siguiente ha de morir, sin embargo su cuestionamiento no es sobre el valor de la vida, sino sobre el entregar la vida a cambio de valores. Se encuentra en solitario y no logra entender porqué ha de ser fusilado alguien que dedicó su vida a defender la democracia y los ideales revolucionarios, alguien que en algún momento dirigió las tropas que están por darle fin a su vida. El sentimiento paradójico aumenta cuando nos adentramos a la psicología de quienes están por fusilarlos, quienes tampoco entienden qué justifica que lo hagan, por qué han de asesinar a un héroe y que sentido tiene una Revolución que busca justicia para quien está trás la silla presidencial. 
No hay imágenes de su fusilamiento, sino de su cadáver como testigo de los errores revolucionarios. 





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