Stephen Gill. La esencia forma parte del juego


Si algo caracteriza la trayectoria de Stephen Gill, es su capacidad para crear siempre algún juego ingenioso en sus proyectos. En su libro Hackney Wicks, fotografía este barrio de Londres, con una cámara que compró en un mercadillo de allí por 50 peniques. En Hackney Flowers, recogió plantas, flores y semillas, colocándolas sobre las fotografías y refotografiandolas, creando unos collages dimensionales. Para otras series, como Buried, enterró fotografías para “permitir al lugar en sí mismo imprimir en las imágenes su deterioro y marcas”. También ha introducido objetos, como trozos de plantas, semillas, cristales e incluso insectos dentro de la cámara, como en su libro Outside in, “una forma de incluir la esencia actual de un lugar en una imagen, el ruido visual y el caos”
Fotógrafo autodidacta, fue su padre, químico y fotógrafo aficionado, quien le introdujo en el cuarto oscuro, la cámara y el microscopio. Él mismo, indica que en su adolescencia, estaba obsesionado con los estanques y en el estudio de esos pequeños mundos a través de un microscopio. “Esta obsesiva inmersión en este extraño y confuso mundo, produjo un gran efecto en mi personalidad”, indica su libro Coexistence, “ y desde luego ha dejado una huella en todos los trabajos que he producido posteriormente”.
Me imagino que, cuando en el verano de 2010 el Centro Audiovisual de Luxemburgo eligió a Stephen Gill para un encargo sobre los sobre los restos de de la industria de los altos hornos en la ciudad de Dudelange, no esperaría un trabajo convencional.
Para este encargo, Coexistence, Stephen Gill se concentró en un estanque que tradicionalmente fue utilizado para enfriar los altos hornos. Le pareció curiosa la nueva vida de comunidades microscópicas que habían florecido allí. Gill utilizó un microscopio de la Universidad de Luxemburgo y un cubo de agua sacada de este mismo estanque. Con el microscopio, estudió y fotografió las criaturas minúsculas y la vida vegetal. Paralelamente, cargando con el cubo de agua del estanque, mojaba su cámara acuática en éste antes de retratar a los residentes que se encontraba de Dudelange, creando formas abstractas que conectan con la vida microscópica acuática. El resultado, página a página, es hacer a la mente saltar entre lo reconocible y lo indistinguible, entre lo científico y lo conceptual.
Incluso, introdujo algunas de las fotografías en el estanque para permitir a las bacterias y microorganismos impregnar las copias. Como siempre, intentado incluir la esencia del lugar en el trabajo, para que forme parte de él.
Stephen Gill mismo aprendió a hacer la portada del libro con papel de agua. Los libros están forrados con seis tipos de papel diferentes y un papel único para las ediciones especiales.
Él mismo indica en el epílogo del libro: “Cuando se acercaba el octavo mes después de mi primera visita al territorio, mi mente empezó cada vez más a centrase en los mundos microscópicos dentro de otros  mundos, y empecé a ser más consciente de los muchos paralelismos que hay entre los patrones y procesos en el estanque con nuestras propias vidas como individuos humanos dentro de la sociedad… Poco a poco, empecé a estar más comprometido con la idea de intentar acercar visualmente estos mundos tan cercanos físicamente, tan aparentemente dispares y tan diferentes en su tamaño.”
Un trabajo alucinatorio y de belleza extraña, más parecido a la pintura que a la fotografía, con el que entendemos las muchas posibilidades que hay a la hora de afrontar un proyecto, y lo mucho que hay por hacer en fotografía.

http://www.stephengill.co.uk/portfolio/news

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