Food Porn


Food porn es una expresión anglosajona que alude a toda imagen gastronómica libidinosa que apela a nuestros instintos más primarios. Tratados con códigos visuales cercanos al erotismo o a la pornografía, los alimentos se convierten en glamurosos objetos de deseo que prometen producir en nosotros tanto placer como el sexo. Food porn: una nueva manera de ver la comida, la gastronomía no se limita al sabor de la comida, ahora la gente le toma foto a sus platos, los presenta de manera sensual y provocativa, y comparte esas imágenes con el mundo.


La pornografía en la comida ha tomado dos significados: En Estados Unidos, se considera que la comida alta en grasas y poco saludable es porno culinario. Sucede que el Centro de la Ciencia para Intereses Públicos, una ONG que defiende los derechos de los consumidores, publicaba una columna sobre comida poco saludable en una revista de salud con el titulo “Cosas buenas versus comida pornográfica”. El food porn está presente en buena parte de la publicidad alimentaria, especialmente en la de dulces y helados: es la forma que tienen las empresas de luchar contra la corrección dietética que limita sus ventas. La estética del porno de comida también ha tenido un importante boom televisivo en Estados Unidos, a través de las cadenas dedicadas a la cocina. 
El food porn es actualmente un fenómeno. Este sucede cuando la comida es presentada en imágenes que estimulan en extremo los sentidos, con formas sensuales, texturas casi palpables y primeros planos obscenos.

 La primera exposición en España relacionada con la comida pornográfica se ha ignagurado esta semana en La Laguna (Tenerife), dentro del festival de cine gastronómico “Cine, EsCena”, “Del bodegón al Porn Food” recoge más de 50 imágenes de 14 fotógrafos españoles, entre los que se encuentran Frances Guillamet (habitual de El Bulli), Mikel Alonso (Arzak) o los cocineros Sacha Hormaechea y Paco Roncero. “La mayor parte de los fotógrafos gastronómicos actuales busca la sugestión y la sensualidad a través de primerísimos planos de ingrediente”, explica la comisaría de la muestra, Yanet Acosta, “Esos planos podrían recordar a los de la industria de cine porno”.


¿Pero ha sido la pornografía una influencia directa en la imagen gastronómica? “La pintura influyó en la forma de entender la fotografía. Después, la fotografía influyó en la estética del cine y ahora el cine, al igual que el cómic o el videojuego, influyen en muchas de nuestras expresiones artísticas. El arte retroalimenta al arte. No obstante, el término porn food alude más al plano metafórico de la sensualidad de las fotos que a la literalidad” asegura Acosta. El prestigioso chef Anthony Bourdain sostuvo, en un ensayo sobre el tema que publicó en el 2001, que la comida se ha objetivado. Tome como ejemplo algún libro de cocina, con imágenes de maravillosas verduras llenas de gomitas de agua que recuerdan el sobre la piel, con platos tan extravagantes que usted nunca a reproducir en su cae, porque ese libro quizá contenga recetas, pero - sea sincero - son impredecibles por el mortal común. Usted no compro ese libro por las recetas sino por las imágenes, donde no solo se ve el talento del cocinero, sino el de la producción y hasta los maquilladors de comida. Porque de lo que se trata es de presentar la comida obscenamente atractiva. 


Aparte de su contenido erótico, la muestra permite atisbar hacia done está evolucionando la fotografía de comida. Según la comisaría, los artistas están buscando otras líneas de expresión más allá del primerísimo plano, “aunque ninguno deja de lado la mirada cercana e incluso, en ocasiones, invasiva, que también está de moda en otros tipos de fotografías o en el cine”.

“Las nuevas tendencias aún son muy personales y cada autor está en búsqueda de la suya”, añade. “Sacha Hormaechea está regresando al bodegón, aunque influido por la estética pop. En el caso de artistas como Francesc Guillamet la experimentación con la abstracción sigue siendo lo más potente. Otros, sin embargo, buscan la expresividad a través de modelos que les llevan la estética renacentista (Matías Pérez Llera), al juego con grabado (Javier Peñas) o a la apuesta por el surrealismo (Álvaro Fernández Prieto)”. 


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