El fotógrafo etnógrafo José Suárez, Museo Centro Gaiás de la Cidade da Cultura de Galicia. Santiago de Compostela, Espana.


Una interesante retrospectiva reivindica en Galicia la obra de José Suárez, artista que retrató los “tipos de la tierra” que encontraba en sus viajes.

José Suárez. Unos ojos vivos que piensan. Museo Centro Gaiás de la Cidade da Cultura de Galicia. Santiago de Compostela. Hasta el 27 de marzo.

 

Resiste una mirada, una escena, sobre el paisaje. Después, otro paisaje y la misma mirada. Prosigue el lenguaje que acaricia y analiza, casi como un topógrafo, cada lugar mientras fotografía la gravedad, lo cotidiano, el tiempo. El lugar de José Suárez (Allariz, 1902-A Guarda, 1974) en la historia de la fotografía española resulta ahora incuestionable. Retrató una época, una composición transversal de su tiempo, a través de obras que se hilvanan argumentadas bajo lecturas que nacen únicas y se vuelven globales. Extravagante para sus conocidos, inconformista y solitario, se dedicó, paradójicamente, a retratar hombres y mujeres, “tipos de la tierra”, que encontraba en los viajes que realizó, ensamblando el mundo y, sobre todo, sus habitantes en sinergias y concordancias poéticas.


« La Pampa », José Suárez


Los comisarios de la exposición, Manuel Sendón y Xosé Luis Suárez Canal, inciden en una lectura de la obra que, como su biografía, se comprende y relata a modo de expedición, de tránsitos y destinos; un planteamiento secuencial de más de 200 fotografías, entre originales y positivadas para la ocasión, junto a materiales y documentos recuperados y recopilados del archivo familiar, que contribuyen a contextualizar cada una de las tres escalas vitales en las que se organiza el recorrido. La etapa desarrollada en el exilio, que tiene como protagonistas los exóticos escenarios de América del Sur, Japón y Sudáfrica, actúa como puente entre las otras dos desarrolladas en España, definidas en los años treinta con los primeros retratos en Salamanca y los reportajes de Galicia, entre los cuales sobresale Mariñeiros, y el retorno definitivo en los años sesenta, siguiendo los pasos de otros exiliados, para retratar los símbolos del país y sus territorios. Un itinerario que paulatinamente lo acercó a la vida y al arte para luego alejarlo, decepcionado por el mundo del arte y contrariado con la vida.

Sus obras registran la irregularidad del momento, los estratos de un tiempo que se explica en blanco y negro mediante sugestivos planos y encuadres próximos a las narrativas de la vanguardia. Son escenas que atraen y retienen. Algunas, las más icónicas, silenciosas en la homogeneidad del montaje; es el caso del chiquillo con el barco Javiota, que dirige su mirada hacia la lejanía, más heroico que pensativo, o del rotundo paisaje de molinos, que se piensa vulnerable a los ojos de extraños, ambas pertenecientes a las series Mariñeiros y La Mancha, dos de sus trabajos más notables. El resultado en esta pertinente retrospectiva, la más completa e interesante de las que se han realizado hasta el momento, conviene leerla alejada de etiquetas que relacionen a Suárez exclusivamente con la fotografía documental y el fotoperiodismo; quizás lo más acertado es observar el camino realizado, el cruce de tendencias y un lenguaje con direcciones de ida y vuelta que permiten al visitante identificar y resaltar las rupturas y transformaciones del autor y su fotografía.

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