Ken Regan

 Este fotógrafo registró incontables horas en viajes con estrellas rock, fotografíando a The Beatles en su gira de 1965, a Jimi Hendrix en el Fillmore East en 1968, a Bruce Springsteen en el Amnesty International tour en 1988 y Neil Young en el Auditorio Ryman en 2005. En 1975, Regan viajó con The Rolling Stones y The Bob Dylan’s Rolling Thunder Review, haciendo fotografías a lo largo del camino.
Alguna vez, Keth Richard (guitarrista en The Rolling Stones), dijo:
“Muchas veces he sido teatral sólo para ver el agudo ojo izquierdo de Ken perforarme con aquella sonrisa sardónica bajo su cámara y saber que él tiene el la foto después. Conozco a muchos fotógrafos y ellos todos tienen un estilo personal. ¡Cuándo yo veo al Ken delante de mí, sé lo que él espera … el momento!”
Regan tenía una destreza para capturar escenas privadas fuera del escenario: Andy Warhol que anda con Mick Jagger en la Fábrica en 1977; Bob Dylan se encuentra a Bruce Springsteen por primera vez entre bastidores en un espectáculo en 1975; y a Dylan sin camisa jugando backgammon el mismo año. De hecho, una de sus fotos de Dylan fue usada sobre la cubierta de The Bootleg Series Vol. 5: Bob Dylan Live 1975; otro fue portada de la revista Rolling Stone’s el 21 de junio de 1984.

Incluso invirtió años cubriendo el mundo deportivo, y sus fotografías de Muhammed Ali han sido extensamente reproducidas. En 1975, él fotografió a Ali y a Foreman en la famosa pelea Rumble in the Jungle en Zaire donde consiguió una foto que fue portada Sports Illustrated.

Además, trabajó con Clint Eastwood en The Bridges of Madison County, Jonatán Demme en The Silence of the Lambs y Alana Pakula en el The Pelican Brief.

Uno de sus trabajos más destacados fueron las fotos de la Rolling Thunder, la gira ambulante de Bob Dylan, en donde hizo más de 14.000 tomas. En dicho evento participaron casi un centenar de músicos, cineastas, escritores, actores y otros colegas con distintos grados de cercanía. Se pretendía recuperar la sorpresa de la itinerancia y la inmediatez de las apariciones sin publicidad previa en locales de pequeño o mediano aforo.
Todo había empezado el año anterior, en 1974, cuando el promotor Bill Graham le encarga a Regan una crónica fotográfica para la revista Times con motivo de la gira que el cantante está protagonizando con su antigua formación, The Band. Un año más tarde Regan no había vuelto a tener contacto alguno con el círculo del músico hasta el verano del año siguiente, cuando recibió una misteriosa llamada telefónica a las tres de la madrugada. "¿Podrías viajar ahora mismo?", le preguntó la voz de un hombre al que no conocía. "Claro, pero ¿qué pasa", preguntó el fotógrafo.Al otro lado de la línea pusieron al aparato a un tal Lou Kemp, que se presentó como "un amigo de la infancia de Bob Dylan". Explicó que estaban preparando algo "fuera de lo común" y le contrataban como fotógrafo durante unos cuantos meses. Debía incorporarse al equipo en Nueva York cuanto antes.
La cita era en un local de ensayos de Manhattan y allí encontró a un montón de músicos preparando, bajo la anárquica dirección de Dylan, una gira que pretendía romper moldes apartándose de los circuitos habituales de grandes recintos, improvisando el recorrido casi sobre la marcha, actuando por sorpresa y sin publicidad en algunos lugares y dando cabida en escena a un grupo de músicos que también eran amigos o, en otros casos, ni siquiera se conocían. En la "caravana", como empezó a ser llamada la gira, participaba también un equipo de cine, que debía rodar lo que con el tiempo fue el largometraje dirigido por Dylan Renaldo and Clara (1978), un experimento fallido y difícil de tragar, el poeta Allen Ginsberg y el escritor Sam Shepard, en principio contratado como guionista. 
Sobre las fotos de Rolling Thunder: Photographs by Ken Regan hay un carácter notorio: en casi todas las imágenes Dylan, un tipo acostumbrado a la seriedad, aparece riendo, a veces a carcajadas. Por lo demás, Regan recuerda el permiso otorgdo por Bob Dylan: “Tenía total libertad. Podía entrar en su habitación en cualquier momento y fotografiar lo que estuviera haciendo”. Se trata entonces de Un Dylan observado en la intimidad de una gira anárquica e irrepetible, distendido en las secuencias de descanso, divertido y cómplice durante los ensayos o la estrella y mito sobre el escenario; con aspecto de clown o de príncipe zíngaro, ese rostro que desde hace más de medio siglo los objetivos tratan de desentrañar.





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