Carlos Cazalis: La muerte del padre

A las siete de la tarde del 25 de mayo de 2012, fallecía en la clínica Infanta Luisa, de Sevilla, el empresario Jesús Ramírez Díaz, de 75 años. La causa: un fallo pulmonar y renal. La defunción fue íntima; el dolor, familiar. La muerte, como tantas otras, ocurrió en pasado, y solo fue presente para sus deudos. Han pasado tres años y uno de los hijos, el reputado fotógrafo mexicano Carlos Cazalis ha decidido romper un tabú y hacer pública esta vivencia terminal: “Todos sufrimos con la muerte de un familiar, pero al ver estas fotos creo que nos reconocemos y nos volvemos más humanos. Nos damos cuenta de quiénes somos y de cuál es nuestro destino”, explica el ganador del World Press Photo 2009 por su trabajo sobre las vidas marginales en Sao Paulo.

Las imágenes fueron tomadas durante la agonía del padre. Obtenidas con una sencilla Fuji X-100, golpean por su realismo. Sin filtros, crudas, irradian un dolor universal. Un hombre que empeora a medida que avanzan los días. Primero una operación a corazón abierto, luego el fallo pulmonar. Las lágrimas de su esposa y de su hija. La amargura de la familia, la despedida. “Empecé a tomar las fotos para estar presente, enfocado. Una de ellas la publiqué como parte del proyecto global Un día en el mundo. Era un símbolo de esperanza y amor”, cuenta el fotógrafo.

El ojo de Cazalis (Ciudad de México, 1969) se adentra en la cotidianeidad del trance. No hay posados. Son fotografías próximas. Retratan escenas habituales en cualquier hospital y sus aledaños. Y ahí reside su poder. Condensan la angustia pasada. “A la Unidad de Cuidados Intensivos, en una habitación compartida, llegaban los sonidos de las procesiones. Era Semana Santa en Sevilla. Fuera había vida. En esos momentos uno se siente terriblemente solo, el mundo es tu enemigo”, recuerda el autor.

La familia, el propio padre, eran conscientes de que la agonía iba a ser publicada. No le importó al enfermo. Admiraba el trabajo de su hijo y, posiblemente, era consciente de la inexorabilidad de su declive. “Teníamos esperanza, pero creo que todos sabíamos que se iba a morir”. Nada hay más cotidiano que la muerte. Pero el último acto, por muy bien que se conozca, se representa casi siempre fuera del escenario. Cazalis ha roto con ello. Las imágenes han sido colgadas en su muro digital. Comparten espacio junto a otros cientos de fotos, de las más variadas temáticas. Toros, miseria, arquitectura. Pero su presencia salta a la vista. En su desnudez, la intermediación del fotógrafo desaparece. Y solo queda la realidad, el escenario que es la vida.


El momento en el que muere el padre de Carlos Cazalis 

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