La fotografía como recuerdo antes de la era digital

No ha pasado mucho tiempo y, aunque aún se sigan manteniendo tímidamente, con la era digital todos los recuerdos que hoy nos parecen vintage se han transformado, aunque la esencia, la fotografía como recuerdo sigue siendo la misma.
Esta reflexión en torno al uso de la fotografía como recuerdo cercano, próximo en el entorno familiar o de nuestras amistades, viene dado por un brazalete engalanado con un daguerrotipo, y con pelo trenzado del siglo XIX, que representa esa condición de la fotografía por salvaguardar en nuestra memoria a una persona querida. Curiosamente antes del uso de esta disciplina para este propósito, se solían hacer joyas complementadas con pelo natural, por su durabilidad y porque venían a ser parte de esa madre, ese padre o ese hijo que no querían olvidar.

La fotografía de muertos también cumplía ese propósito, como lo siguen cumpliendo hoy en día los recordatorios de comuniones, uno de los recuerdos más kitsch que aún conservamos aunque la nueva fotografía esté haciendo lo suyo por cambiarlo. Me vienen también a la mente todos esos soportes del mismo corte, desde cojines a llaveros pasando por tazas de desayuno que no hacen sino reforzar esa idea de la fotografía como recuerdo cercano.
Porque la fotografía, más allá de su sentido artístico o comercial, no deja de ser esa disciplina que nos proporciona al instante (o antes casi al instante) el recuerdo de un momento, de una anécdota vivida por las personas cercanas de nuestro entorno.
Porque, ¿qué serían esas casas sin nuestras fotos en las vitrinas del salón? o ¿de esa impresión a tamaño gigante como recuerdo de nuestra boda? ¿Qué serían las carteras sin las fotografías de nuestra pareja a tamaño carnet? ¿De las cajas de hojalata llenitas de impresiones en algodón de nuestros bisabuelos y abuelos? o ¿de los álbumes que nos recuerdan los viajes de fin de curso del colegio y las fiestas de disfraces?




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